Alejandro Roemmers (Sergio Piemonte)

Periodismo Puro
20 de July 16:00

Alejandro Roemmers: "Adquirí toda esa obra de Borges para ponerla a disposición de los argentinos"

Jorge Fontevecchia en entrevista con el escritor y empresario Alejandro Roemmers.

Es el nieto del fundador de los laboratorios Roemmers, y si bien se dedicó por un tiempo a los negocios familiares, a los 45 años decidió ceder sus acciones para dedicarse de lleno a la actividad que desde chico lo apasiona: la escritura. A los 13 años le leyó a Borges un poema suyo, en 2022 presentó su segunda novela en la Feria del Libro, junto a Mario Vargas Llosa. Es filántropo y apoya a talentos sin juzgar el mérito.

¿Cómo empezaste con la escritura, qué fue lo que te empujó y cómo te formaste?
Fue la emoción lo que me hizo escribir, me acuerdo bien, porque era la última tarde de unas vacaciones de invierno en la sierra de Córdoba, y sentí una gran tristeza por irme de ese lugar. Siempre sentí un gran atractivo por la montaña, los bosques. Además, andaba a caballo, tenía 8 años, pero ya podía salir solo. Me iba con el caballo, a veces bordeando el río, lejos. Entonces al volver al colegio, me sentía mucho más encerrado en la casa de mis padres que en ese lugar. Mi caballo era mi medio de transporte propio, y entonces sentí una necesidad de volcar esa tristeza, esa emoción, y escribí el primer poema. Empezó con la poesía, fue lo que escribí hasta que recién a mediados del 99, escribí el primer libro de prosa que es El regreso del joven príncipe.

Tu primer poema fue publicado a los 14 años bajo el título “Eternamente enamorado”, y contás que hasta el día de hoy te sigue definiendo, ¿hacia quién es ese amor?
Es un amor hacia la vida, hacia todas las personas, porque en el segundo verso dice “amar a cada uno, a todos y a cualquiera, como la lluvia generosa y ciega que cae sobre los techos y los campos”. No es un amor hacia una persona, una relación de pareja, el típico amor de atracción hacia alguien, sino que es un amor de dar, brindarse, de ponerse al servicio de los demás, de ayudar, básicamente. 

¿Qué te hizo pasar de la poesía a la novela?
Estábamos en la Fundación Argentina para la Poesía y una señora siempre me decía que le gustaba cómo yo contaba siempre anécdotas, historias y que tenía que escribir novelas. Yo siempre decía que la novela requiere mucha disciplina, tiempo, estar un poco quieto en algún lugar. Con tantos viajes, me era muy difícil, más por mi trabajo en la empresa en ese momento, la poesía era lo único que en las madrugadas, en un avión o esperando en un aeropuerto, podía escribir. Pero siempre me insistió y la verdad es que mi primera novela para mí fue una especie de relato de mi aprendizaje espiritual, que es El regreso del joven príncipe. Si bien técnicamente es una pequeña novela, para mí fue más responder a un pedido de muchas personas que siempre me pedían: “Decinos cómo hiciste para pasar de ser una persona que vos decís que era un poco melancólica, a ser una persona con tanta energía, tan dinámico, se te ve tan alegre y feliz, ¿cómo fue eso?”. Por otra parte, también muchas personas decían que es raro ver un empresario que sea tan afectuoso, siempre compartiendo con sus amigos, que no haga distinción en las personas, relacionarse con personas de situación social similar, sino que realmente nunca discriminé en ningún sentido, ni por pensamiento, religión, raza, ni nada. Les llamaban la atención algunas cosas, y siempre me pedían que escribiera algún libro. El resultado de eso fue El regreso del joven príncipe, donde aproveché de alguna manera a hacer algo también traía de chico, y era cómo responderle a Saint-Exupéry cuando al final de su libro El Principito, pide que alguien le escriba, que alguien le conteste. Siempre sentí que yo era esa persona que tenía que contestarle, lo sentí de chico, pero me llevó muchos años estar en condiciones de responderle. 

Mencionabas los años en que todavía te dedicabas a la empresa, ¿te dejó enseñanzas la tarea de empresario para la literatura? ¿Hay un punto de contacto entre una profesión y otra? 
Es difícil decir eso. Todas las experiencias en la vida, cuanto más variadas son, por ejemplo para escribir una novela, eso ayuda. Y conocer todo tipo de personas, porque uno se tiene que poner en la piel de los distintos personajes, y creo que ayuda mucho conocer personas que piensen diferente. Siempre me pareció muy interesante no estar rodeado de personas que piensen igual que yo, porque todos estaríamos de acuerdo mayoritariamente, me gustan las personas que cuestionan, que tengan otras formas de razonar, que estén dispuestas a hablar tranquilamente, sin que ninguno forzosamente tenga que tener razón. Pero, cuando se puede dialogar y comparar, me parece muy enriquecedor estar rodeado de personas que tengan puntos de vista muy diferentes, experiencias de vida muy diferentes, y es mi caso. Me relaciono con todo tipo de personas en muchos países, y eso da matices y da variedad también a la experiencia de una vida.

Esta idea de amar a todos, a cada uno, a cualquiera, tiene contacto con San Francisco de Asís, que entiendo has estudiado bastante bien, y tu relación con el Papa, ¿qué significan el Papa y San Francisco de Asís para vos?
Hay un punto de contacto. De hecho, de chico tenía una vocación religiosa, por momentos monástica y me gusta mucho el estar en la naturaleza, en lugares más solitarios. No soy tan amante de vivir en las ciudades, y me hace muy bien. Me resulta muy sanadora la vida en la naturaleza, creo que eso lo comparto mucho con Francisco de Asís. Sobre todo la amistad, el compañerismo, el tratar de hacer un grupo donde la vida se comparta con amistad. Que hayamos tenido un papa en Argentina y que haya elegido el nombre de Francisco me resultó una gran alegría. También, su sencillez, su espíritu, es una persona admirada por el mundo. A veces parecería más admirada afuera que por nosotros mismos, pero es alguien que le ha dado a la Iglesia una apertura importante, de abrirla realmente a todos, que sea una Iglesia sencilla, humilde y capaz de recibir a todas las personas. 

¿Le enviaste tu obra “Franciscus” al Papa? Contanos la relación con él.
Nos hemos visto en distintas oportunidades. Tenía una relación con mi padre, y conmigo era más epistolar. Le mandaba algunos poemas o sobre todo los libros de poemas que yo iba dedicando, y como a él le gusta mucho la literatura, creo que ha sido profesor incluso de literatura. Me respondía, siempre muy amable y manuscrito, como hasta el día de hoy. Es una persona realmente muy cálida, por lo menos en esta relación conmigo. Le envié distintas cosas, el musical también. Franciscus fue algo que hice pensando en él también, en su visita a la Argentina, que la gente pudiera estar imbuida en ese espíritu franciscano, preparándose para su visita, que hasta hoy lamentablemente no se pudo concretar, esperemos que sí en algún futuro cercano. Pero siempre fue muy amable en todos sus comentarios, de hecho me invitó a dar una charla en el Salón de los Sínodos, en el Vaticano. Hace unos años di una charla ahí junto al padre Jorge Bender, también un franciscano que está haciendo una obra muy importante en África, así que creo que tenemos una relación de mutuo afecto y cariño. De mi parte, también admiración hacia todo lo que él ha logrado, los cambios que ha propuesto dentro de la Iglesia, que siempre es algo muy complejo. 

Tu padre murió el año pasado, ¿cómo era tu relación con él, qué pensó el día que dijiste que querías dejar la empresa familiar para dedicarte a la escritura y cómo fue su despedida?
La relación con mi padre fue cambiando en el tiempo, de chico lo percibía como una persona muy rígida, su origen alemán y también estuvo en el Colegio Militar, así que éramos un poco diferentes porque yo era más atraído hacia lo artístico, lo filosófico, me gustaba el piano, pero también todo lo que tuviera que ver con el arte. Sin embargo, al final me decido a estudiar administración de empresas, a entrar en la empresa familiar. Eso le dio una gran alegría, y a partir de ahí empezamos a compartir. El tema de la empresa fue, de alguna manera, el hobby de su vida y pude darle alegrías logrando hacer crecer el negocio familiar, después, de a poco, él también fue tomando contacto con esa otra parte mía y venía a los recitales poéticos, a las presentaciones, charlas que yo daba. Se hacía un tiempo para venir, incluso viajar, a veces para asistir, como fue cuando me tocó hablar en la Universidad de Salamanca, que me distinguieron como una personalidad de la cultura y entonces compartí también esos momentos con él. Sentí un gran agradecimiento y mucha inspiración de parte de él hacia mí. Los últimos años de su vida lo hizo notar en todas las formas, y tuvimos una muy linda despedida de muchos años con él, como que ambos estábamos muy felices y en paz de la relación que tuvimos. 

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil. 

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