martes 11 de mayo de 2021
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Ahora, el VacunaVIP es otro “invento de los periodistas”. ¿Verbitsky, por ejemplo?

POLITICA | Por Edi Zunino | 23 de February 13:07

Estamos atravesando una renovada crisis de confianza. O de desconfianza, como quieran, la cuestión es que la confianza pública está más devaluada que el peso. El asunto del acomodo vacunatorio le pegó fuerte a la opinión pública y al Gobierno, donde más le duele, o sea, en la sospecha de que la equidad, la solidaridad y la opción por los más débiles es un relato sostenido en ciertas variables distributivistas que a los políticos les salen gratis. Un verso conveniente para compararse con la pequeñez de los rivales, pero jamás con la grandeza de los sueños.

Ahora, el presidente Alberto Fernández, su escudero Santiago Cafiero y la ministra Carla Vizzoti pretenden dar por terminado el tema. Y lo hacen a su manera menos creativa: hace un rato, Cafiero dijo que “lo del Vacunatorio VIP es un invento de los periodistas”.

Patean para adelante. Juegan al siga, siga…, sin importarles que los está mirando un montón de gente que se siente tomada por estúpida. (El concepto “gente” también incluye, por supuesto, a votantes del oficialismo que se sienten ofendidos como cualquiera, porque todos tenemos un abuelito, una abuelita y un EPOC o una diabetes no se le niega a nadie).

Más que un invento de los periodistas en general, este papelonazo terrorífico fue destapado por el periodista tal vez más querido y hasta reverenciado por los kirchneristas: Horacio Verbitsky, que, es justo decirlo, no pidió perdón por haber “cantado” sino por haber actuado mal dejándose vacunar donde no debía. Lo que vino después fue apenas la confirmación de que el trato a Verbitsky no era excepcional, sino parte de una manera.  

Claro que no hay un vacunatorio donde te llevan en limusina, te reciben unas enfermeras despampanantes de película y después de inocularte, te despiden con champán y caviar. Vacunatorio VIP es, desde luego, una manera de decir. Yo prefiero hablar de vacunas por izquierda y acomodo. Claro que un sector del periodismo se está haciendo un festival de morbo con este asunto. Pero de ahí a haberlo “inventado” lo que hay es un modo de auto-justificarse por parte de las autoridades que provoca una mezcla irritante de rabia y pena.

No es que rechacen la confianza o les importe un pito la popularidad: si se confía, mejor, pero lo que ellos quieren es ganar por sobre todas las cosas. Ganar como sea, todo el tiempo. Así de fácil se resume su criterio de éxito. Ganar, ganar, ganar… Pero el tiempo acumula perdedores de a millones. Tenemos una democracia de poco voltaje y menos luces, administrada a los saltos por una aristocracia que dibuja sus alineamientos falsamente ideológicos en la necesidad de competir para ganar y vamos viendo. Ser democráticos es una cosa, la adicción a las elecciones es otra: una verdadera enfermedad.

Según las explicaciones oficiales, Eduardo Duhalde y su familia son esenciales y estratégicos. Tanto, que se los vacunó en casita. Según las explicaciones oficiales, se vacunó al entorno presidencial para proteger al Presidente, pero resulta que no se vacunó a los más cercanos de ese entorno: la primera dama, Fabiola Yáñez, y el propio Cafiero. Raro todo. En cada explicación parece haber una trampa. Una distracción. Un entretenimiento. ¿Con esta manera de conversar, que más bien parece una tomada de pelo, pretenden entablar un pacto de unidad nacional?

En ciertas excusas oficialistas se acepta: “Okay, estuvimos mal”. Pero, de inmediato, se refriega en la cara que los otros son peores, así que fumate lo que venga, porque si no vuelven los otros con su versión de que vuelven mejores. Esa manera de pensar no tiene nada de épica. Sólo promueve esa clase de resignación que entristece a los huérfanos.

 

por Edi Zunino

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