sábado 15 de mayo de 2021
Perfil

Un día de trabajo, por Truman Capote, Gustave Flaubert y James Joyce

PODCASTS | Por Elisa Salzmann | 30 de April 20:31

Cuando Frances Mc Dormant el último Domingo recibió el premio Oscar a la mejor actriz en la película Nomadland sin maquillaje y bastante despeinada compuso una especie de poema que decía “No tengo palabras/ mi voz está en mi espada/ sabemos que la espada está en nuestro trabajo/ y yo amo el trabajo”.

La literatura realista ha dado grandes ejemplos de mujeres trabajadoras y el resultado de ese trabajo siempre ha sido una ganancia para sus vidas, no siempre económica aunque de importancia vital.

En Un corazón simple, Gustave Flaubert el crítico acérrimo de la burguesía da a su personaje Felicité , un lugar de privilegio, aún cuando ella deba responder a los antojos y miserias de su patrona, la melancólica Sra Aubain, Felicité logra estar más allá del mal, cerca del bien, de la felicidad que su nombre le augura, porque vive y trabaja, sufre y siente y permanece y perdura trabajando.

En Arcilla uno de los catorce cuentos que componen Dublineses de James Joyce, su protagonista María, es reconocida y aclamada por todas las compañeras de la lavandería donde trabaja, una lavandería protestante, cuando ella es católica y encima no se ha casado, y esto a comienzos del siglo XX no pudo ser leído como un gesto de independencia, pero todos los datos que nos da su autor permiten esta lectura. María es independiente económicamente y gracias a esto resiste a las presiones de su familia y su entorno amoldándose como la arcilla del título del cuento a sus propias necesidades.

En Un día de trabajo uno de los Retratos coloquiales, incluido en Música para camaleones Truman Capote describe con humor y empatía a su trabajadora, la famosa Mary Sánchez
“Mary Sánchez es una profesional de la limpieza que trabaja por hora, a cinco dólares la hora, seis días por semana. Trabaja unas nueve horas al día, y por lo general visita unos veinticuatro domicilios diferentes entre lunes y sábados.

Sus clientes generalmente no requieren sus servicios más que una vez a la semana.Mary tiene cincuenta y siete años, y es nativa de un pueblito de Carolina del Sur, hace cuarenta años vive en el “Norte”. Su marido, un portorriqueño, murió el verano pasado.” Mary pasa rápido por cada uno de los departamentos que limpia y se siente dueña de hacer en cada caso lo que considera más apropiado para ellos y para ella también. Mary mira  a su alrededor y su mirar profundo no es tan ingenuo como para no necesitar levantarse el ánimo con la más pura marihuana peruana. La limpieza que hace Mary en estos domicilios es una limpieza de la mirada, expurga de ellos el lastre de la vida cotidiana y dejando partes de sí los vuelve ámbitos reconocibles y vivibles.

Después del deambular de ambos por los diferentes lugares de trabajo de Mary, T. C. termina su periplo de la siguiente manera:
MARY: Querido Señor, tan misericordioso. Por favor, Señor, ayuda a Mr. Trask a que deje de beber y consiga nuevamente su trabajo. Por favor, Señor, no permitas que Miss Shaw sea un ratón de biblioteca y se quede solterona. Debería traer tus hijos al mundo. Y Señor, te ruego te acuerdes de mis hijos, de mi hija y nietos, de todos ellos. Y no dejes que la familia de Mr. Smith lo mande a ese hogar de ancianos; no quiere ir, llora todo el tiempo… (La lista de sus nombres es más numerosa que las cuentas de su rosario, y sus pedidos por ellos tienen el brillo sincero de la luz de la vela en el altar. Hace una pausa para mirarme.
MARY: ¿Está rezando?
TC: Sí
MARY: No lo oigo.
TC: Estoy rezando por usted, Mary. Quiero que viva para siempre.
 
Flaubert, Joyce y Capote eligieron representar a estas tres trabajadoras con sus argumentos sentidos y pusieron sobre la mesa los roles fijos que las sociedades respectivas asignaban a la mujer y su relación con el trabajo. Estos tres autores dedicaron estos tres cuentos a las trabajadoras del mundo porque pareciera que las mujeres construyen trabajando un mundo mejor.
 

por Elisa Salzmann

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