domingo 25 de julio de 2021
Perfil

Un extraño barón austríaco detrás del General Belgrano

POLITICA | Por Edi Zunino | 03 de June 12:21

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano tendría 250 años. Y junio es el mes belgraniano, ya que no sólo se cumplen años de su nacimiento, sino también de su muerte, el 20 de junio, Día de la Bandera como todos sabemos.

Lo que pocos saben es que el día en que Belgrano hizo bautizar casi clandestinamente la bandera celeste y blanca, el 25 de mayo de 1812, quien portaba la insignia en lo que hoy es la Catedral de Jujuy no era un criollo, ni un mestizo ni un español arrepentido, sino un austriaco.

No se sabe si era tirolés o había nacido en Moldavia (lo que hoy lo haría checo), pero Eduard Ladislaus Kaunitz von Holmberg, que así se llamaba el personaje del que les hablo, era oriundo del viejo Imperio Austriaco y había combatido con bastante buena fama a las órdenes de la corona española, en cuyo ejército consiguió el grado de primer teniente de Guardias Valonas.

Los oficiales de las Guardias Valonas (originarias de Walonia, hoy región germanófona de Bélgica), eran considerados temibles. Se los reclutaba por su físico trabajado y esbelto, y se los adiestraba en las misiones más temerarias, como encabezar asaltos o retiradas, o incluso prepararlos con delicadas acciones previas de espionaje.

Holmberg llegó a Buenos Aires en marzo de 1812 en el mismo barco que lo hicieron el teniente coronel de caballería José de San Martín y el alférez de carabineros reales Carlos María de Alvear, y de inmediato fue trasladado a ponerse a las órdenes de Belgrano en el Ejército del Norte.

Belgrano, que era militar casi por casualidad (o por más pasión que vocación), adoptó a este bravísimo prusiano casi como su otro yo. Hoy le diríamos mano derecha. Y parece que era dura la mano del barón Holmberg.

En sus imperdibles memorias, el general José María Paz, una de cuyas primeras tareas militares fue ser puesto al mando de quien él llamaría siempre “Holemberg”, recuerda que Belgrano nombró de inmediato Jefe de Estado Mayor al recién llegado, “sin que entonces o ahora se pueda entender lo que se entendía bajo esa denominación”. 

Interpreta el “Manco” Paz: “Al dar al Barón un título que nadie entendía, solo se quiso halagarlo, porque se tenía de él la más alta idea en punto á conocimientos militares y práctica de la guerra”. Sucede que, siempre según Paz, este prusiano de pura cepa era terriblemente estricto en materia de disciplina.

Aplicaba a sus subordinados el máximo rigor y era inflexible ante las faltas o desobediencias. Afirmaba que había que combatir la “mala costumbre de la siesta”. Sus soldados lo apodaron “Cincuenta Palos”, ya que ante la menor falta, los sancionaba con esa pena. Cincuenta palazos, ¿se entiende?

Se le atribuyen al barón Holmberg estas palabras en una arenga: “Cuando el servicio del Estado lo exige no se pregunta al individuo ¿quieres?, sino que se le dice claramente, ¡debes!”.

Dice Paz en sus memorias: “Quiso aplicar sin discernimiento a nuestros ejércitos semi-irregulares los rigores de la disciplina alemana”. Hablaba con un fuerte acento alemán, tan marcado como el refinado español castizo con que se expresaba Belgrano. 

De uno y otro acento solía mofarse bastante poco por lo bajo un oficial joven, el “bravo, audaz y jactancioso” Manuel Dorrego. Tampoco respetaba a la dupla de jefes Juan Ramón Balcarce, que era más antiguo que Belgrano en el Ejército del Norte. El General Paz sugiere que, por indicación del barón Holmberg, Belgrano hizo espiar a Balcarce.

Miren desde dónde vienen las internas de la Patria, acusaciones de espionaje incluidas.

Dorrego y Balcarce le hicieron mala fama a Holmberg, sobre todo al cabo de la triunfal batalla de Tucumán. En el cuerpo de oficiales se lo acusó poco menos que de cobardía en el combate (cosa que el General Paz no confirma, pero tampoco niega) y Belgrano terminó entregando a su preferido, que se volvió a Buenos Aires.

Acá diseñó algunos fuertes para la lucha contra. Y peleó al mando de Alvear en Brasil.

Era muy afecto a la botánica Holmberg. Había traído innumerables bulbos florales desconocidos en esta parte del mundo, como las camelias. Murió en 1853, poquito después del nacimiento de su nieto, Eduardo Ladislao Holmberg, quien fuera fundador de las ciencias naturales en nuestro país.

 

por Edi Zunino

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