sábado 5 de diciembre de 2020
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TetaGate: antropología de un Congreso poco serio, en serio o enserio

POLITICA | Por Edi Zunino | 25 de September 11:53

El adjetivo serio viene del latín “serius”, que indicaba algo grave o verdadero. Pero este adjetivo, “serius”, no se usaba para aplicarlo a las personas, sino a las cosas. “Serius” era lo opuesto a “iocus”, o sea, el juego, la broma o la chanza. Y de esa mescolanza vendrá que, para nosotros, serio vale tanto para decir formal o fiable como para marcar lo opuesto a lo risueño.

Pero el laberinto lingüístico de lo serio y aquello que no lo es, no termina en ese punto. Porque las cosas y las personas pueden ser tomadas en serio, así, separado, en-serio, como también enserio, así, todo junto: enserio, del verbo enseriar, que implica ponerse serio y no necesariamente serlo. En serio, por separado, equivale sobre todo a fuera de broma, mientras que enseriar indica poner cara seria. Es, más bien, cuestión de gestos

Conclusión: uno puede tomarse algo muy enserio -con cara seria- pero, en el fondo, en joda. O no demasiado en serio. Como, por ejemplo, parece que se tomó su función el ya ex diputado nacional Juan Emilio Ameri, creador del TetaGate, verdadero hit de esta Primavera.

Les pido mil disculpas, pero, de movida, no pude tomarme el tema en serio ni enserio. Primero, tal vez, porque ya lo estaban haciendo otros, algunos con mucha celeridad y sobriedad, pero otros con semejante nivel de moralina y pacatería que hasta daban ganas de defender a este indefendible personaje salteño. No hizo falta nada de tiempo para descubrir el problema de fondo: Ameri nunca debió haber llegado a ese cargo democrático, pero la política encubrió las denuncias sobre abuso que pesaban sobre él o al menos miró para otro lado por cuestiones formales al cabo más perjudiciales que la berretez absoluta del episodio.

Digo berretez a modo de vulgar y de baja calidad, lo cual nada tiene que ver con el infructuoso intento de defensa sin querer antropológica de Ameri, que quiso explicarse por su origen humilde. Toda una definición de su parte, más aún siendo peronista, porque la pobreza es falta de plata, no falta de decoro ni de ubicación ni de buenos valores en general. Evita les hablaba a sus “grasitas”. Ameri es un “grasa”, tal vez sin remedio.

Pero bueno, tal vez el escandalete haya servido para algo y la llegada como reemplazante de Ameri de Alcira Elsa Figueroa, a quien llaman “La Tola”, sume algo de decoro intelectual a todo esto que viene siendo tan poco serio, últimamente. Figueroa tiene origen aymara, proviene del Departamento de Orán -hoy golpeadísimo por la pandemia-, es antropóloga especializada en Desarrollo Humano Sustentable, tiene un máster en Políticas Sociales, posgrados en Economía Social, Desarrollo Local y Agrobiodiversidad, y está cursando su tesis doctoral en Ciencias Sociales.

La Antropología es la ciencia que estudia las manifestaciones sociales y culturales de las comunidades humanas, así como el conjunto de rasgos que las caracterizan. Existe una Antropología de las Instituciones, en cuanto expresiones orgánicas del Estado, y el Congreso Nacional se cuenta entre ellas con un rol teóricamente tan central como la representación directa de la comunidad para la deliberación y solución de los grandes problemas nacionales. Un parlamento es una construcción humana y es un colectivo de humanos que, como casi todos ellos, puede convertirse en un órgano en sí mismo y para sí mismo. Todo grupo genera sus microclimas, su propia dimensión de la realidad. Pues bien: este Parlamento ha servido en estas semanas para ver que nuestros representantes se duermen, se visten, toman whisky, hacen “sarasa” y, por fin, besan turgentes pechos de mujer recién operados durante las sesiones. ¡Que Dios, la Patria… y la Antropología se los demande!

 

por Edi Zunino

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