domingo 7 de marzo de 2021
Perfil

Shock de confianza: Alberto Fernández debería darse la vacuna rusa en público

POLITICA | Por Edi Zunino | 03 de November 12:47

A simple vista, los soviéticos no habrían sido muy creativos al bautizar su plan espacial como Sputnik, porque Sputnik quiere decir satélite en ruso y se trataba de lanzar un satélite a dar vueltas alrededor de la Tierra. Claro que la carrera con Estados Unidos no era literaria y llegar primeros le quitaba toda relevancia al detalle del nombre. Salvo que veamos la influencia griega en las lenguas eslavas y, así, Sputnik puede querer decir “compañero de viaje” o “camarada de viaje”, para ajustarnos más a las circunstancias, nombre que, aparte de más poético, era más ideológico y hasta más estratégico, porque un viaje es mucho más que un acontecimiento, es una suma de hechos y circunstancias.

El plan Sputnik duró entre 1957 y 1960, con sus cuatro versiones. Hoy, Sputnik V propone un viaje diferente, aunque una carrera bastante parecida, si bien la prueba ya no depende de la perra Laika sino, según la información oficial rusa, de 40.000 personas voluntarias que hasta ayer desconocíamos que estaban siendo vacunadas (a hoy irían 19.000) en la propia Rusia, en Bielorrusia, en Arabia Saudita, en Venezuela y en algunas partes más, que todas suenan a “guerra fría”, sin desmerecer a nadie y con el deseo más profundo de que nos llenemos pronto de vacunas para todos los gustos y de probada efectividad.

La única vez que volvió a usarse Sputnik para designar un plan oficial ruso, fue entre el satélite Sputnik IV y la vacuna Sputnik V, para bautizar la nueva agencia informativa gubernamental, en 2014, para reemplazar a las viejas TASS y Rusia Hoy. Se eligió ese nombre porque Sputnik era, acaso, la única palabra gubernamental clásica que conservaba cierto prestigio y por obvias razones de misión. La máxima de la agencia es “decir lo que no es dicho”. O sea, romper el “bloqueo informativo occidental”. Desde Occidente, mientras tanto, se la considera una agencia de propaganda pro Vladimir Putin, basada en la tendenciosidad, la desinformación y la generación de fake news.

Bueno, pero, hablando de información, de golpe nos desayunamos ayer con que la Sputnik V está a punto de caramelo, con 25 millones de dosis a mano de los argentinos para vacunarnos entre diciembre y enero. Parecía que Pfizer y Oxford llegaban primero, pero no. Putin es rápido.

Supimos también que el presidente Alberto Fernández tiene a su disposición dos dosis -parece que van a ser de rigor darse dos- para vacunarse, porque por edad y nanas le corresponde. Pero Alberto avisó que va a esperar, porque no quiere tener privilegios que otros argentinos no tienen y eso de la modestia y la solidaridad.

Ni la necesidad urgente de buenas noticias ni el exceso de marketing peronista deberían confundir a nuestro primer mandatario. Un presidente es “personal esencial”, el número uno diría, es más, un “esencial” con votos populares para que lo sea. Ser presidente es un privilegio conscientemente otorgado. Legalmente, además. Por otro lado, este asunto de la vacuna, en medio de este calvario de la pandemia, no es cuestión de caballerosidades, sino de decisiones prácticas, de gestos fuertes que le otorguen credibilidad a algo, empezando por la necesidad de creer en que, si nos vamos a tener que vacunar de apuro, hacerlo con la mayor de las certezas posibles de que nos estamos metiendo en la carne lo correcto.

Alberto Fernández fue un buen ejemplo al inicio de todo esto. Exhibió unidad y criterio científico, dos elementos infrecuentes en nuestra política de cada día. Lo he aplaudido sin ningún prejuicio. Después vinieron la desunión y la magia, la lucha de relatos, porque en 2021 hay elecciones. Bueno: antes que las elecciones, habrá vacunaciones, según nos enteramos ayer.

El presidente debería vacunarse en público, monitoreado por el comité de expertos médicos que saben de estos temas. El país necesita un shock de credibilidad. Acá se trata de la vida de millones. Y no de gestos diplomáticos, ni mucho menos de un sentido homenaje a Laika por parte de Dylan.

 

por Edi Zunino

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