domingo 16 de mayo de 2021
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Ricardo Forster: "Para la mentalidad de los 70, el kirchnerismo fue un tenue reformismo"

POLITICA | Por Jorge Fontevecchia | 12 de April 10:29

Como Alberto Fernández, se siente influenciado por la contracultura de los 60, que llevaría "al hippismo o a la revolución" a una generación. Un año mayor que el Presidente, vivió el exilio, fue un joven que participó de reuniones del Club Socialista, en el que hubo muchos intelectuales cercanos a Raúl Alfonsín, y desde Carta Abierta produjo gran parte del dispositivo cultural e ideológico del kirchnerismo. Con esa lógica, explica las ideas matrices del Gobierno. Dice que el odio a Cristina responde a un "obstáculo epistemológico" de los poderosos del país.

—¿Cómo afectó tu visión de la filosofía el contacto con el kirchnerismo?

—En mucho. Tiene que ver con mis años juveniles. Sucedieron en esa Argentina tumultuosa entre el 73 y el 76. En el 73 tenía 16 años. Fui un joven con inquietudes. Vengo de una familia politizada. Fue una generación que vivó impactos enormes, desde la Guerra de los Seis Días en Israel, siendo un niño de familia judía, hasta la masacre de Trelew en el 72, pasando por la dictadura de Lanusse. Allí ya tenía una cierta conciencia. A eso se suma la irradiación generacional de los años 60, la contracultura, figuras que podían llevar a la revolución, dependiendo si se iba al hippismo o hacia el involucramiento político. También se suma el resultado de unos años de vivir fuera del país durante la dictadura, en Europa, en Estados Unidos, en México. Inquietudes que van desde el campo de la historia y la literatura a la filosofía, a la que me dediqué durante casi treinta y pico de años.

—En esta misma serie de entrevistas, Alberto Fernández dijo que estaba más influido y cercano a la filosofía hippie que a las veinte verdades peronistas. ¿El peronismo tiene algo hippie o es más punk?

—¡Qué buena pregunta esa! No vengo del peronismo y no me definiría como peronista. Sigo pensándome como alguien que asume una visión progresista, emancipatoria, de izquierda. Pero el peronismo me tocó, conmovió e interpeló. En mi relación con el peronismo a través del kirchnerismo puse en claro algunas cosas que quizás antes no tenía.

—¿Te ayudó el kirchnerismo a acercarte al peronismo?

—Sí. Después de la desilusión alfonsinista, a mediados de los 80, junto con José “Pancho” Aricó, Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, Nilda Sábato, en la confluencia de hombres y mujeres que venían del exilio y otros que habían pasado al exilio interior durante la dictadura, se fundó el Club de Cultura Socialista. Yo era un joven veinteañero. Gracias sobre todo a Aricó participé de esa iniciativa muy interesante, intelectual y políticamente. Tuvo proximidad fuerte en algunos de sus miembros, como Juan Carlos Portantiero o Emilio de Ípola, con Raúl Alfonsín. Portantiero y Emilio de Ípola escribieron el famoso discurso de Parque Norte de Raúl Alfonsín, en el que se introducían las categorías weberianas de la ética de la responsabilidad y del compromiso. Después vino la crisis del propio alfonsinismo, Semana Santa. La democracia dejó de ser una experiencia vital intensa, revulsiva, de vanguardia, creativa, y apareció como cada vez más desflecada, limitada por los poderes reales. Después llegó la década del cinismo, los 90. En los 90 me interesaba la política como objeto de reflexión teórica. Lo hacía a través de la filosofía y viajando hacia los umbrales de la modernidad. Hacia preguntas sobre el origen de la sociedad contemporánea. Allí fue mi formación en el interior del espíritu de la Escuela de Frankfurt, de Theodor Adorno, Max Horkheimer, después de Walter Benjamin. Todo eso parece raro y estrafalario cuando tenemos que establecer vínculos sobre todo con el peronismo. Mi formación era la de un joven de familia judía dispersa por el mundo a lo largo de los años 20 y 30, que siempre tuvo una visión no ligada a un nacionalismo estrecho. Me pensaba más como una mirada internacional. Los 90 significaron la reformulación brutal de la vida social, política, económica, cultural y universitaria. Comenzaron muchas preguntas respecto a si habría de nuevo la posibilidad de recuperar la intensidad y el entusiasmo. No solo la Argentina. América Latina había atravesado las dos últimas décadas del siglo XX de la peor manera. Se convirtió en el continente más desigual del planeta. Paradójicamente, eso se logró en esos procesos muy complejos de transición democrática y de salida de las dictaduras. Eran preguntas vinculadas con fenómenos ligados a la hipermodernidad, el debate modernidad-posmodernidad, al fin de las ideologías, el fin o la muerte de la historia. El kirchnerismo, junto con otros movimientos que se expresaron en América del Sur, vino a replantear la posibilidad de una relación activa con la materialidad histórica. Le dio a la dimensión política otro caudal, otra intensidad. Reintrodujo palabras, categorías y conceptos que parecían defenestrados, como igualdad y Estado.

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil. 

 

por Jorge Fontevecchia

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