lunes 19 de abril de 2021
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Qué me contás: Soy un “caso descartado” de Covid-19

POLITICA | Por Edi Zunino | 22 de April 12:16

Y de golpe, por un tema que nada que ver -ponele un dolor agudo en el pecho- terminás en la guardia de un sanatorio… Uno importante, ponele… La Trinidad de Ramos Mejía, por ejemplo…

Te sacás la ropa y te ponés el camisolín. Ya se infla el brazalete del tensiómetro en el brazo izquierdo, mientras te buscan la vena en el derecho para mandarte una vía y te ponen ese broche en el dedo índice para medir la saturación de oxígeno en la sangre… Oxímetro de pulso se llama… O pulsioxímetro, pero le dicen “dedito”… Y ya te pasan alcohol frío por el pecho, las muñecas y los tobillos para mandarte los chupetes del electro-cardiograma… Te llenan de preguntas, obviamente… Que cómo es el dolor… Que desde cuándo y cómo empezó… En medicina, un buen interrogatorio vale tanto como cualquiera de los aparatos esos que ya están haciendo bip bip bip… Sale tensiómetro… 13.5/9… “Un poco alta la presión”, te dicen, mientras aprovechan el brazo abierto para ponerte el termómetro en la axila…

Justo entra el jefe de la guardia. Te saluda cordialmente, lo mismo que a su colega cardiólogo y a la enfermera, que te saca el termómetro y dice algo que escuchás como en cámara lenta y nunca vas a olvidar:

-Trein-ta-y-sie-te-seis…

El jefe de la guardia pregunta:

-¿Trein-ta-y-sie-te-seis?

Y al confirmar que sí, que la febrícula es de 37.6, los mira a ambos y les dice “bueno, señores, procedan” y te dice a vos: “Estás entrando en el protocolo Covid19, ahora te vamos a hacer el hisopado y vas a quedar en aislamiento”…

Mientras los otros dos salen y vuelven a entrar vestidos de astronautas, vos le recordás al tipo que ibas por ese dolor en el pecho que todavía sigue y que venías cumpliendo cuarentena estricta, que no puede ser coronavirus. Pero el protocolo es el protocolo y aparte de estudiarte el corazón, las venas y las arterias, vas a tener que esperar los resultados del Instituto Malbrán. Así están las cosas.

El hisopado no es de las experiencias más lindas que podés tener en la vida, pero tampoco es nada grave ni mucho menos. Abrís la boca. Molesta el palito cuando lo llevan hasta la garganta bien atrás. Pero molesta más todavía cuando te lo meten primero por una y después por la otra fosa nasal hasta la misma garganta. Parece que al virus le encanta alojarse en la nasofaringe. Nasofaringe. Palabra nueva.

Y ahí te llevan a tu lugar de internación, donde vas a estar todo cableado y enchufado y monitoreado y te van a entrar a atender en persona sólo las veces que sean estrictamente necesarias, porque sos sospechoso de estar apestado y porque, cada vez que te entran a ver, terminan tirando a la bolsa roja de los residuos patológicos una muda entera de cofia, barbijo, camisolín, pantalones y cubre-zapatos descartables. Las antiparras o las máscaras de acrílico se recuperan y se limpian con alcohol al salir. 

El resultado te puede tardar hasta 48 horas. Es un papel con membrete del SIISA (Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino), del Ministerio de Salud de la Nación y de un par de organismos oficiales más. Tiene tu nombre y apellido, tu DNI, tu fecha de nacimientos y puede tener curiosidades como ésta: que ahí donde dice “sexo biológico” y “género” se señale, en ambos casos, “sin dato”. No es ese, igual, el dato que estás esperando hace casi dos días, todo pinchado, cableado y enchufado… Eso viene bajo el subtítulo “Evento” donde te enterás que pertenecés al “grupo de infecciones respiratorias agudas como caso sospechoso de Covid-19”… Te enterás de que tenés asignado un número (ahí dice 817.543, mirá) y llegás al ítem “clasificación manual del caso” y a continuación se señala, por suerte o por obviedad, “caso descartado”.

Y listo. Negativo. No esperes que a la mayoría le interese demasiado en qué quedaron tu corazón y tus arterias y tus pulmones averiados por el cigarrillo. Lo importante, lo verdaderamente novedoso y tranquilizador, es que sos un “caso descartado” de coronavirus.

Igual, por lo importante, corresponde agradecer con fuerza a la guardia de La Trinidad Ramos Mejía dirigida por el doctor Gonzalo Camargo, a los cardiólogos coordinados por la doctora Yanina Arzani, a la neumonóloga María Beretta y a todos los enfermeros y enfermeras a los que nunca llegaste a verles las caras. Es emocionante ver gente que trabaja bien porque ama lo que hace.

 

por Edi Zunino

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