domingo 7 de marzo de 2021
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París no es una fiesta: esperan la vuelta del tsunami con toque de queda

POLITICA | Por Edi Zunino | 29 de October 13:16

Les voy a leer algo que me mandó alguien a quien quiero mucho y vive y trabaja y sueña en París desde hace un tiempo demasiado largo ya. Se llama Violeta Valicenti. Y ya que hablamos de sueños, vean cómo se le complicaron a Violeta:

“Desde que empezó esto de la pandemia en marzo, los sueños se me terminaron de descontrolar. Al principio se me llenaron de ratas, como está llena París. Después, Morfeo me llevó a una especie de ciudad post-apocalíptica, estilo Mad Max, pero llena de gente con mascarillas entre bombas de oxígeno. Y anoche vi un tsunami. El agua se va mar adentro para volver más fuerte y más alta. Acá en París, este océano empezó a retirarse en mayo/junio, cuando se levantaron las restricciones del primer encierro, y empezó a caer de vuelta sobre nosotros a mediados de septiembre, mes conocido como «la rentrée» (el verano empieza en junio, clases y trabajo se retoman en septiembre). Y ahora que los enfermos de Covid-19 ya ocupan de nuevo la mitad de las camas de reanimación en los hospitales, número que otra vez va en ascenso y por eso en noviembre el personal médico va a tener que volver a elegir entre quién se salva y quién no, el agua nos llegó al cuello una vez más.

“La primavera y las condiciones propias de París (más de 20 mil habitantes por kilómetro cuadrado, viviendas muy pequeñas y un miserable café expresso a 2 euros) empujaron a los parisinos que no pudieron escaparse antes del primer encierro, a volver a juntarse.

“C’était l’insouciance”, dice Violeta, que en español significa “fue la imprudencia” y sigue así:

“El sol y las temperaturas cálidas trajeron aires de despreocupación. Muchos creyeron que el bichito se había ido junto con el encierro que se acababa de terminar, y las autoridades, que se olvidaron de que los barrios de París están hechos de calles estrechas donde, si cruzo a la vereda de enfrente para esquivar a alguien lo más probable es que me choque con otros tres, impusieron la obligatoriedad de la mascarilla recién a finales de agosto.

“A mediados de octubre se instauró el toque de queda de 9 de la noche a 6 de la mañana, pero como el bicho no entiende de horarios y los parisinos no entienden de normas, tuvimos que volver al encierro. Desde esta noche, los restaurantes y los bares, hobby nacional francés, estarán cerrados; las aglomeraciones, grandes o pequeñas, quedan prohibidas y la Mona Lisa se vuelve a quedar sola, porque cierra el Louvre, como cierra todo.

“Eso sí: los trayectos de casa al trabajo y del trabajo a casa están permitidos y las escuelas, abiertas. Vos tenés que ir al colegio para que mamá y papá puedan ir a trabajar y seguir haciendo girar la rueda. Los cementerios quedan, claro, también abiertos.

“Los que vivimos en Francia conocemos la expresión con que se dibuja París en el resto de las regiones, con ese desprecio tan universal de todas las ciudades que no son capital y caracterizada por la angustia de eso a lo que no se quiere llegar: o sea, metro, laburo y vuelta a casa a dormir. Hasta ahora justificábamos nuestra existencia urbana robótica en todo lo que da esta ciudad, a pesar de todo lo que te saca y de lo mucho que te exprime. Un mejor sueldo, más de 200 museos -toda la ciudad es un enorme museo en sí misma- y miles de galerías o la efervescencia de los grandes bulevares, son razones que explican por qué 12 millones de personas nos movemos en 105 km2 cada día. Cuando mucho de eso se esfuma es cuando empiezan las pesadillas.

“Los parisinos afortunados que podemos trabajar a distancia -¡Uy, Violeta se siente parisina ya!- vamos a huir momentáneamente de la ciudad, para refugiarnos en espacios más amplios, con más verde y menos restricciones, como mi amiga Sofía, que decidió irse a trabajar al sur de Portugal durante al menos dos semanas a partir del domingo. O como yo, que vuelo al hogar familiar en el norte de España, todavía sin pasaje de regreso: cuando la gran ola arrase con todo, prefiero que me encuentre compartiendo unos mates con los míos y no bajo la soledad de los tejados de París”.

¡Gracias, Violeta! A mí sólo me queda por decir que en marzo, París y todo el Viejo Continente anticipaban esta Argentina de la que aún no se retira la primera ola.

por Edi Zunino

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