viernes 24 de junio de 2022
Perfil

Máximo Kirchner, ¿el operador menos pensado de la “unidad nacional”?

POLITICA | Por Edi Zunino | 31 de March 12:13

En la memoria colectiva del sector más informado de la opinión pública imprimió con fuerza la imagen de un Máximo Kirchner gordito, consentido por la mamá, complicado hasta los Tribunales por el desarrollo de los negocios familiares y, por cierto, muy afecto a la play-station. En menos de una década –la que, en su caso, lo llevó de los treinti a los cuarenti- el primogénito de Néstor y Cristina pasó a ser uno de los 10 políticos más influyentes de la Argentina.

Digamos que regordete ya dejó de ser. Pero, sobre todo, logró ir abandonando de a poco esa especie de cándida sordidez que le otorgaba el hecho de ser visto como el delegado materno para articular la diaria en las entretelas del kirchnerismo puro y duro. Claro que casi seis años como diputado nacional no le pasaron en vano y mucho menos los últimos 15 meses como presidente del bloque oficialista. Hoy, si bien el antipático carácter hereditario de su rol sigue condicionando su popularidad, hablar con Máximo pasó a tener significado propio no sólo entre políticos de todos los palos, sino también entre empresarios, consultores, periodistas y demás figurones del llamado círculo rojo.

Máximo Carlos Kirchner le debe mucho de eso a Sergio Massa, que, luego de meses de conversaciones y una vez sellado el pacto para “volver mejores”, le hizo de guía por pasillos, despachos y ambientes que el hermano mayor de Florencia nunca había transitado. Massa lo hizo conocido entre sus grandes amigos de la oposición, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, que ahora reciben elogios del kirchnerismo y del presidente Alberto Fernández, mientras se pretende sumarlos a un frente común para negociar un convenio a 20 años con el Fondo Monetario Internacional.

Máximo fue también uno de los artífices de la reunión de ayer en la Casa Rosada donde se empezó a conversar sobre la eventual postergación de las PASO y las elecciones generales con Christian Ritondo y Jorge Macri, que representan la territorialidad del PRO en la estratégica provincia de Buenos Aires.

Tiene algo de razón Patricia Bullrich –o mucho de razón- cuando dice que esas movidas apuntan a meter una cuña en la oposición por parte del Gobierno. La reunión de ayer se dio casi en el mismo momento en que el Presidente decía de Rodríguez Larreta: “Lo bueno de Horacio, a diferencia de Macri, es que trabaja”. Y nunca esos gestos de grandeza son inocentes. El tema es que personajes como el primo de Mauricio o el exministro de Seguridad de Vidal tampoco son gente de chuparse el dedo ni dejarse llevar “como chicos p’al colegio”.

Salgamos un poco de la lógica conspirativa. Suena sensato tratar de mostrarle al FMI cierta coherencia dirigencial a futuro. Suena sensato evaluar, en medio de una pandemia todavía indómita, si no se debería esperar un poco para que todos los mayores de 16 años del país se metan en las escuelas en 10 horas de un mismo día para votar en unas internas. Obvio que, en política, todo poncho viene con un cuchillo debajo. Y las quejas de Ritondo y Jorge M no tardaron en tratar de quedar bien con su propia hinchada. Sin embargo, habría un corte más generacional que ideológico entre los dirigentes mencionados que los lleva a creer que es tiempo de generar acuerdos básicos para pensar la Argentina más allá del corto plazo.

Cuesta ver a un Kirchner en ese juego, con todo lo que ha hecho y hace el kirchnerismo por cavar y cavar en la grieta. Incluso dentro del Frente de Todos se abrió una brecha en la cual Máximo es visto como un señor bastante autoritario, discrecional en la toma de decisiones y obsesionado por hacer pie con todo en el suelo bonaerense.

En política, rara vez unidad es uniformidad. Máximo sabe que fracasaron en ese intento. Pero mucho menos significa una garantía de santidades y buenas intenciones.

 

por Edi Zunino

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