sábado 8 de mayo de 2021
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Maradona, enseñanza final: confundir talento con improvisación es casi criminal

POLITICA | Por Edi Zunino | 27 de November 11:47

Hay un viejo refrán que, en general, se recita tergiversado y confunde los tantos. Cuando algo se presenta difícil, solemos compararlo con que resolver tal situación “no es soplar y hacer botellas”, como si hacer botellas fuera cuestión de apenas un buen soplido. El refrán, enunciado correctamente, enseña que “no es soplar hacer botellas”, como un solo concepto, sin la “y” griega en el medio. O sea: sin soplar no se puede hacer botellas, pero mucho menos se trata de soplar y punto, es decir, de algo tan simple que puede hacer cualquiera.

En esa confusión, que, a la larga, se volvió un concepto cultural errático al popularizar que algo tan delicado podría ser tan sencillo de concretar como inflar un globo de cumpleaños, se mezclan mal o se igualan peor dos esferas de la vida tan distintas como el talento y la improvisación, por más que los talentosos suelen demostrar sus virtudes, tantas veces, improvisando. Zapando. Tirando un caño espontáneo para salir del encierro de ese metro y despejar el terreno hacia al gol.

Diego Armando Maradona, aparte de su talento puro, fue el producto de horas y horas de vínculo a solas con la pelota y a la vez fue producto de horas y horas de trabajo en equipo, entrenamiento, charla, vestuario, pizarrón, estrategia y solidaridad en el objetivo común. Hablo, por supuesto, del Maradona santificado con justicia, no del otro. Para que Maradona improvisara sus “milagros” debía estar previsto qué harían los demás mientras tanto, para acompañarlo o cubrirle la espalda por las dudas de que no le saliera, porque ni a D10S le sale todo bien. El gran Maradona fue, también, efecto de sus grandes partenaires y sus grandes DT. 

Las exequias de Maradona resultaron todo lo contrario. Un ejemplo casi criminal de improvisación sin talento. Insisto: casi criminal. Y remarco el “casi”, porque todo podría haber salido todavía peor. No digo que la intención haya sido hacerlo mal. Digo que la improvisación es mala consejera como modo de conducir. Sobre todo de conducir a millones de personas. Y acá se notó demasiado. Talento no es sacar de la galera: es que no se note el truco. Talento no es el gol con la mano y chau, incluso aunque no se note. Talento es también la parte que le cabe a cierta sensatez, a la previsión, a la organización y al trabajo. Sobre todo si hablamos de gobernar y no de hacer política por deporte, ¿no?

Ahora bien: si organizaron el velorio de Néstor, ¿por qué no iban a poder organizar el de Diego en el mismo lugar y con la misma suerte?

Lo sintetizo así: primero, porque Kirchner no era Maradona. En ningún sentido.

El funeral de Kirchner fue, de algún modo, el inicio místico, el acto fundacional y teatralizado a gran escala de un movimiento político, dimensión en la cual las dirigencias desempeñan, sin ninguna duda, el papel central.

El funeral de Maradona era una cosa totalmente distinta: el cierre de toda una época; la conclusión de una vida representativa de muchísimas vidas muy castigadas, muy cotidianamente trágicas y muy distintas a las de las élites militantes, planeta donde además influye lo peor de las militancias: los barrabravas, a los que, además, la política de todos los colores y la policía de todos los distritos conocen muy bien. Tantas veces, funcionan como socios.

A nadie se le ocurrió que una cola incesante desde la Casa Rosada hasta la 9 de Julio y de ahí hasta Constitución no se iba a poder desagotar en 10 horas.

A nadie se le ocurrió que, en una movida multitudinaria purísimamente futbolera, poner un frontón de policías con cascos, escudos e itakas con balas de goma para terminar la ceremonia no iba a ser tomado como una invitación amable a entender los tiempos de los organizadores -o des-, ni siquiera los tiempos de los deudos, porque en ese instante ritual no había deudos más deudos que esa enorme masa maradoniana.

En la lógica del pre y el post fútbol propiamente dicho, es decir, antes y después de cada partido, a la infantería policial se la llama “cabezas de tortuga” y están ahí para ser enfrentados, mínimamente con cantitos y escupidas. No digo que esté bien: sólo reproduzco lo que pasa todo el tiempo en la realidad real.

Llama la atención tan poca pasta, tan poca cancha por parte de dirigentes políticos que se la dan de hinchas con huevo y corazón y de atesorar amplios conocimientos de ese submundo de la popular. Hablo del Gobierno nacional y del Gobierno porteño, porque la idea improvisada y la conducción improvisada era nacional y el escenario natural pero también improvisado era porteño y los gobernantes porteños se prendieron sin chistar en la improvisación con uniformados de ambas jurisdicciones a cargo de un peligroso “vamos viendo”. (Había que devorarle la última tajada al 10).

Si no se coordinaron bien, si algo los sorprendió, si todo se les fue de las manos al punto de perder el control de la mismísima Casa Rosada, no deberían venir con esta pataleta agrietada, ñañosa, ofensiva de la inteligencia y bastante estudiantil del “yo no fui”. Eso no vale ni para los Campeonatos Infantiles Evita, muchachos.

La Argentina necesita organizar un plan, una estrategia de juego, ya que estamos, en la cual se puedan desplegar todos los talentos. Ahora, para salir del paso, se puede cambiar uno que otro fusible. ¡Pero hay que dejarse ya mismo de… improvisar!

 

por Edi Zunino

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