domingo 29 de noviembre de 2020
Perfil

Larreta se corta solo, Kicillof ni pincha y siga, siga…

POLITICA | Por Edi Zunino | 07 de September 11:25

Está confirmado: vamos a tener que esperar un poco para saber cuántos somos. Este año, como todos cada 10, estaba previsto un nuevo censo de población, pero se postergó hasta nuevo aviso por la pandemia. Así que tal vez termine siendo el censo más importante de nuestra historia, porque va a desmenuzar, en número y condiciones múltiples, a la Argentina post pandemia. Bien tomado, bien usado, este censo podría llegar a ser casi, casi un programa de gobierno pormenorizado, urgencia por urgencia, lugar por lugar y hasta casa por casa, si a alguien se le diera la gana.

Pero bueno: por ahora tenemos que conformarnos con cuántos menos somos día por día. Es el tema de hoy en el diario La Nación y también en Página/12 que, si los tomamos como eventuales extremos opuestos de la grieta mediática, quiere decir que el país entero está hablando en estas horas del aspecto más dramático del Efecto Covid-19: los fallecidos, que ya están en los 10.000.

En La Nación se señala una proyección escalofriante (insisto, La Nación, que no es oficialista para nada y ha cuestionado la llamada “estrategia del miedo”): si seguimos desarrollando los actuales modos de prevención y se mantiene la tendencia actual de contagios, promediando la primavera estaríamos entre los 20.000 y los 30.000 muertos. Es decir, entre el doble y el triple que hoy dentro de dos o tres meses.

En Página/12, el biólogo molecular argentino Alberto Kornblihtt, que es miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, tira una comparación para quedarse pensando: “Cada vez que escucho el reporte vespertino y me entero de más de 200 nuevos muertos pienso en un Jumbo que se cae. Si un avión cayera y fallecieran 250 argentinos sería la tapa de todos los diarios. Bueno, se está estrellando un Jumbo por día. Es un número frío, no es alarmismo, no lo estoy inventando… Si uno realiza una progresión geométrica, podríamos tener 364 mil fallecidos para Navidad. Es cierto: el país, seguramente, no llegue a ese número, porque en el medio hay acciones y políticas que lo van a impedir. Lo que sí es real es que estamos en crecimiento exponencial de muertes: el 17 de mayo teníamos 375; el 11 de junio, 865; el 5 de julio, 1.500; el 27 de julio, 3 mil; el 19 de agosto, 6 mil. Ahora estamos en casi 10.000 y la proyección indica que para mediados de este mes llegaremos a 12 mil, el doble que el mes pasado”. 

La Nación y Página/12 se encontraron casi en el mismo foco noticioso, mientras Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof se desencuentran. Al jefe porteño se le critica el seguidismo demagógico a sus votantes autorizando la cervecita entre amigos al aire libre, mientras que al mandatario bonaerense se lo acusa de negacionista, ocultando el descontrol de gente por la calle que muestran las principales localidades del Conurbano. Ambos cuestionamientos suenan razonables a la luz de lo que se ve. Larreta se corta solo. Kicillof no corta… ni pincha. Y el presidente Alberto Fernández se encoge de hombros y nos dice, también desbordado: “Y bueno, chicos, háganse cargo”.

A tono con La Nación y con Página/12 de hoy, sólo doy una cifra: entre fines de julio, cuando por estrictas razones electoralistas empezó a desarticularse el Triunvirato de la Pandemia y estos días, los muertos se multiplicaron por 3,4.

No se fueron. Son, aparte de ausencias muy presentes para sus familiares, algo socialmente muy valioso: estadística, que es una guía. Quiero decir: nos indican el camino de lo que se debe, de lo evitable. Y, también, marcan a fuego la frontera de la estupidez humana.

 

por Edi Zunino

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