sábado 5 de diciembre de 2020
Perfil

Guernica, obra maestra del GBA profundo (versión de Navarro y Berni)

POLITICA | Por Edi Zunino | 03 de September 12:45

En el submundo erudito de la genealogía, no parece haber dudas de que el apellido Vélez es de origen vasco. Sí hay serias dudas, en cambio, en cuanto a que Vélez quiera decir “hijo de bele o bela”, que así llamaban a los cuervos los antiguos visigodos y por eso Vélez vendría a ser “el hijo del cuervo”, lo cual podría divertir mucho a los hinchas de San Lorenzo cuando juegan contra El Fortín. Pero no viene por ahí la cosa…

Viene por el lado de entender por qué Guernica se llama Guernica. Me refiero a la localidad ubicada 37 kilómetros al sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde hoy se ubica el epicentro de las tomas de tierras en el GBA. Guernica, la original, queda en el País Vasco. Guernica, la de acá, fue fundada en 1934 en tierras cedidas por la familia Díaz Vélez, lo cual da cierto sentido reverencial a la elección del nombre. Así que nada que ver nuestra Guernica con el “Guernica”, la gran obra que Pablo Picasso terminó en mayo de 1937, tres años después de aquella fundación aprobada por el gobierno bonaerense.

(¡Ah! De paso les digo: los convencidos de que Picasso hizo ese cuadro en homenaje a las víctimas del bombardeo de Guernica, pueden cuestionarse esa convicción. El 26 de abril de 1937, cuando las bombas alemanas e italianas, aliadas del franquismo, destruyeron Guernica, Picasso ya llevaba casi dos meses trabajando en su mural y le faltaban apenas ocho días para darle la última pincelada. Ya ven: una cosa es cómo son las cosas y otra cosa es cómo, a veces, las cosas pasan a la historia).

Decidí ilustrar esta nota con el “Guernica” de Picasso porque, de algún modo, ese revoltijo dramático de seres podría sintetizar la situación que sintetiza hoy nuestra Guernica, con sus 100 hectáreas tomadas en la Zona Sur y en un contexto de casi 4.500 hectáreas usurpadas en todo el GBA. Digamos que, sea como sea, Guernica es una obra maestra del terror. Lo que se dice una monstruosidad perfectamente armada. O destrucción en magnífico equilibrio.

El Gran Buenos Aires es la síntesis absoluta del fracaso argentino. Fábrica de pobres. Fábrica de amontonados. Fábrica de déficits de todos los colores que se te ocurran. Ahora mismo, para colmo, fábrica de pacientes contagiados y médicos al borde del panic attack. Y encima deberíamos estarle agradecidos al Covid-19, porque nos mostró todas juntas las caras de este verdadero despropósito urbano, habitacional, social, económico y, por qué no, judicial y policial.

Pero el problema del GBA es eminentemente político. Si es económico, social, de seguridad, de urbanización y habitacional y tantas cosas más, el problema es político. La discusión, encarada por partes aisladas la una de la otra, es cortoplacista, cosa de bomberos, en el mejor de los casos. El cruce del “Chino” Navarro y Sergio Berni, tiene más chances de estar agrandando el problema que resolviéndolo. Porque la política necesita votos. Y el Gran Buenos Aires es la capital nacional de los votos, con toda la demagogia, el despilfarro y la desplanificación que se concentra en la inmediatez del punterismo. El peronismo se reproduce a los gritos. Lo dijo Perón, no quien esto suscribe.

El GBA debería ser el eje de la agenda post pandemia. O será el súper mural cada día más gigante de este asfixiante desquicio.

 

por Edi Zunino

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