martes 28 de septiembre de 2021
Perfil

Florencio Randazzo, un alma en pena que mete miedo

POLITICA | Por Edi Zunino | 14 de May 13:34

Florencio Randazzo se convirtió en una especie de fantasma que aparece sólo cuando quiere dar un susto. En los corrillos políticos y mediáticos se habla de él como si fuera un alma en pena que busca vengarse de los kirchneristas por haberle cerrado las puertas a su modesto proyecto presidencial, mientras que los K lo consideran uno de los padres de la derrota del 2015 por negarse a competir por la gobernación bonaerense y forzar la candidatura perdedora de Aníbal Fernández.

Ahora volvió a aparecer Randazzo en un seminario organizado por el peronismo cordobés del outsider Juan Schiaretti, vía Zoom, y para los cristinistas puros y duros fue como una remake tecno de “Poltergeist”, la película ochentista en que los espíritus se contactaban con la nena de la casa por la pantalla de TV. La monstruosidad de Randazzo, esta vez, consistió en considerar a la dirigencia sindical y piquetera como “parte del problema”, ya que constituyen el verdadero freno para discutir leyes laborales modernas, ajustadas a la realidad del país y del mundo. Le interpusieron una cruz al grito de: “¡Vade retro, flexibilizador!”.

Lo curioso es que Randazzo, en el mismo concepto, incluyó que los planes sociales no van más, que sólo reciclan la pobreza y la incrementan, que lo que hace falta es generar trabajo genuino y que ello exige leyes y programas de mediano y largo plazo. Es decir, lo mismo que dijeron esta semana varios exponentes de la primera línea piquetera, incluso los que tienen cargos en el Gobierno.

Pobreza y empleo deberían ser el núcleo central de la agenda post-pandemia y dentro del propio oficialismo hay chorreras de proyectos pendientes para presentar. Quiero decir que el problema con Randazzo no es lo que dice, sino que aparezca parado en otra vereda. Recuerden lo que hasta no hace mucho tiempo decían los kirchneristas de Sergio Massa o del propio Alberto Fernández. En política, la autonomía y la negación de la obediencia ciega suelen ser confundidas con traición.

Ahora, el fondo del asunto es otro: ser oficialista, muchas veces, equivale a no discutir lo importante porque puede lastimar intereses de los propios y eso afectaría la gobernabilidad. ¿Cómo plantear nuevas reglas de juego laborales con los sindicatos adentro? ¿Cómo pensar programas para rediseñar el Gran Buenos Aires si, tal como está, es la clave para ganar elecciones y afirmar movimientos territoriales fuertes?  

Por eso, el terror de veras a Randazzo radica en que, aliado con el duhaldismo residual y lo que representa Roberto Lavagna, no termine siendo un “nuevo Massa” que complique las cosas en una elección ajustada. Claro que, sobre todo en unas parlamentarias, el Fantasma Randazzo también inquieta a los opositores de Juntos por el Cambio, que tienen a sus propios “peronistas republicanos” con Miguel Ángel Pichetto como esfinge institucionalista. Veremos si Randazzo sigue jugando al tercero en discordia.

Por lo pronto, Florencio Randazzo es un personaje gris que ha sabido manejar con cierta maestría los silencios y las evaporaciones, para convertirse en noticia sólo cuando lo necesita su campaña homeopática e intimidante. Lo suyo, por ahora, es molestar. Y lo hace bastante bien. Me dicen, además, que se divierte horrores con el desagradable papel que le toca en la peli nacional.

 

por Edi Zunino

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