domingo 25 de julio de 2021
Perfil

Endogamia obsecuente: el mal que infectó a Macri, según el Doctor Monzó

POLITICA | Por Edi Zunino | 16 de December 11:54

Anoche lo entrevistaron en la tele y llamó la atención el equilibrio analítico de Emilio Monzó, el ex titular de la Cámara de Diputados de la Nación y ya muy experimentado armador territorial de la oposición No Kirchnerista en la provincia de Buenos Aires.

Digo No K en vez de Anti K, porque justo esa es una de las cosas por las cuales llamó más la atención Monzó: su capacidad de no echar nafta al fuego inútil de la grieta y hasta reconocer cualidades nada menos que en Cristina Fernández de Kirchner, a quien el macrismo duro, el radicalismo blando y el lilitacarriotismo suelen demonizar hasta el límite de la obsesión maníaca (incluso sin percibir que por ese camino, es decir, casi como única propuesta, ganaron por 2 puntos en 2015 pero, cuatro años después, perdieron por casi 8).

Monzó definió a la vice de Alberto Fernández -a quien ve “débil”, de paso- como “una militante incansable”; elogió su perseverancia porque “hay que tener voluntad luego de haber sido Presidenta por 8 años y hoy cumplir una función institucional”; y la consideró una “muy buena oradora, de las mejores”. 

Claro que también la criticó, con eje en la carta pública de la semana pasada, donde CFK se despachó con todo contra la Corte Suprema, gesto que para Monzó “raya la prepotencia” y que le extraña, porque “es un error que ya cometió y no le dio buenos resultados”. 

De todos modos, Monzó destacó que la “autosuficiencia” y la “soberbia” no han sido patrimonios exclusivos de Cristina. Ni tampoco aquello de haberse “rodeado de obsecuentes”. Y fue ahí donde sorprendió más, al meter una dura autocrítica: “Nosotros también cometimos el error de armar un círculo endogámico obsecuente”. 

Se llama endogamia al matrimonio, la unión y hasta la procreación entre personas de la misma casta, raza, comunidad o condición social. La endogamia suele ser frecuente en comunidades aisladas y lo fue en las realezas antiguas, obsesionadas con mantener el linaje. Hoy, endogamia significa, más bien, círculo cerrado. Es microclima. Cocinarse, como los calamares, en la propia tinta.

Por otra parte, se sabe que llamamos obsecuencia a la obediencia ciega y genuflexa. Chupamedismo, digamos.

La “endogamia obsecuente”, como combinación de conceptos, implicaría cierto grado de sometimiento y hasta de violencia, porque viene a indicar que todo un esquema, en este caso de poder, gira en torno a un jefe alfa o jefa alfa, indiscutible, que impone esa regla. Pero también puede indicar algo aún peor, sobre todo si hablamos de jefaturas que toman decisiones que afectan, por ejemplo, a toda una población: que el sometido por otro a la irrealidad sea el mismo líder, por parte de un entorno capaz de manejarlo y convencerlo de situaciones inexistentes que le hacen tomar decisiones equivocadas.

El propio Macri, si no recuerdo mal, llegó a explicar sus malas políticas presidenciales por los malos consejos de sus asesores.

O sea: se confesó manejable y manejado.

Es decir: cabeza de una especie de endogamia Clase B, a la que ni siquiera Emilio Monzó salva por la militancia, por la voluntad o por la buena oratoria.

 

por Edi Zunino

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