domingo 25 de julio de 2021
Perfil

El grito de Chile que retumba más acá de los Andes

POLITICA | Por Edi Zunino | 20 de May 13:12

La pandemia, con su imposición de calles despobladas, y el referéndum de octubre pasado dieron la sensación de que el maremoto social se había calmado en Chile. Pero lo que había era un potente mar de fondo. El domingo, del otro lado de la cordillera, se votaron constituyentes para reemplazar la Carta Magna de Augusto Pinochet, además de gobernadores, alcaldes y concejales. Podríamos decir que el resultado, visto con ojos argentinos, fue una mezcla de setentismo y “que se vayan todos” pero con buenos modales.

Ganaron los independientes, surgidos directamente de las puebladas de fines del 2019. Ganó la izquierda más identificada con la vieja Unidad Popular de Salvador Allende. Y ganaron las mujeres: la Convención Constituyente chilena será la primera en el mundo con paridad de género (en algunos distritos, fueron las mujeres las que debieron ceder sus puestos a los varones para que el desequilibrio no fuese al revés que de costumbre).

La derecha que sostiene al presidente Sebastián Piñera no logró ni de cerca los resultados que esperaba para, al menos, influir en el contenido de nueva Carta Fundamental y vetar algún artículo. La centroizquierda, es decir, lo que fuera la Concertación que gobernó entre 1990 y 2010, quedó atrás del Partido Comunista y el Frente Amplio.

Los resultados fueron leídos por todos los analistas como un castigo a las fuerzas políticas tradicionales que, curiosamente, empezaron a hacer públicos sus mea culpa. 

Uno de esos analistas se llama Roberto Isikson y dijo: “La frase simbólica que se instaló en las protestas de 2019 a partir del aumento en los subtes, de que el tema ‘no eran 30 pesos, sino 30 años de injusticias’, se hizo realidad luego de estas elecciones. Chile cambió y probablemente será un país distinto después de este fin de semana”.

Entre los derrotados estuvieron también los encuestadores. Ningún sondeo adelantó la importancia que tendrían los independientes en la votación. Por el contrario, todos advertían que el sistema electoral chileno beneficiaría a los candidatos de los partidos políticos tradicionales, lo que podría generar cierta “decepción” entre la gente, sobre todo los jóvenes, que pedían una Constitución “escrita por el pueblo”. Pero lo cierto es que 48 de los 155 escaños, o sea, poco menos de un tercio, serán para estas caras nuevas que ahora debutan en la política institucional.

Semejante fracaso de los encuestadores se dio pese a que la primera señal contundente del nuevo escenario se había manifestado en octubre del año pasado, cuando casi el 80% de los votantes decidió cambiar la Carta Magna a través de una Convención que no incluyera miembros del Gobierno ni del Parlamento. La élite y los medios se seguían negando a ver la imponente magnitud de lo que está sucediendo.

El presidente Sebastián Piñera fue el primero en sincerar su perplejidad. “La ciudadanía nos ha enviado un claro y fuerte mensaje al Gobierno y también a todas las fuerzas políticas tradicionales: no estamos sintonizando adecuadamente con las demandas y los anhelos de la ciudadanía y estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y por nuevos liderazgos”, dijo el mandatario. En su frente, se habla de una “derrota transversal”, es decir, que no afecta a tales o cuales partidos o dirigentes, sino al sistema de representación política completo.

El oficialismo perdió el control de los principales distritos y un comunista va a ser el nuevo alcalde de Santiago, la capital, lo mismo que en Valparaíso y Viña del Mar. Piñera cuenta sólo con un 9% de aprobación entre los chilenos, el nivel más bajo durante su segundo mandato, y la desaprobación llega al 74%. Uno de los factores determinantes del rechazo tiene que ver, precisamente, con cómo manejó el estallido social del 19. También se le cuestionan las medidas para enfrentar la pandemia.

En Chile, las elecciones de alcaldes y concejales suelen ser una especie de “termómetro” previo a los comicios presidenciales. Faltan seis meses para que los vecinos trasandinos elijan a su próximo jefe del Estado. Será en noviembre. Habrá que ver si el mar de fondo deriva en un tsunami definitivo. Y cómo sigue el clima en la región.

 

por Edi Zunino

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