domingo 5 de julio de 2020
Perfil

Cuarentena presidencial: una nueva “división de poderes”

POLITICA | Por Edi Zunino | 30 de June 11:56

Para fin de año, cuando ya había arrancado la Gestión Fernández, dediqué uno de estos espacios en Radio Perfil para explicar cómo era el sistema de funcionamiento del Frente de Todos en cuanto artefacto de poder recién estrenado.

Me referí entonces, con lujo de detalles, a lo que se insinuaba como un sistema de controles múltiples y simultáneos entre el Presidente, la Vicepresidenta, los gobernadores, el titular de la Cámara de Diputados y no más de una decena de dirigentes centrales de esa especie de circuito eléctrico tendido para la toma de decisiones y el equilibrio interno. (Lo de eléctrico es bastante más que una metáfora).

A poco de andar, con apenas ciento y pico de días de mandato, se declaró la pandemia mundial, entramos en cuarentena y lo que pintaba como un escenario difícil cambió por otro todavía peor, y aquel mecanismo de gobierno debió adaptarse a las imprevistas e imprevisibles circunstancias, aunque sin modificar su naturaleza original.

Alberto Fernández supo leer el mapa político de la pandemia, ocupó claramente la comandancia bien asesorado y apoyado por todos los mandatarios provinciales y la inmensa mayoría de los intendentes sin distinciones partidarias, y montó un triunvirato de gobernabilidad más sanitario que ideológico, cuya porteñidad extrema pasó a tercer o cuarto plano, porque en el AMBA está la mayor concentración demográfica del país y, por eso mismo, del problema epidemiológico.

En el arranque de la cuarentena, cerró el Congreso y cerró la Justicia, que sigue cerrada por orden de la Corte Suprema, pese a la sensación de funcionamiento que le otorga la repentina tormenta del EspíaGate (hoy amanecimos con un festival de detenidos). 

Lo cierto es que sin los otros poderes activos y toda la atención puesta en el coronavirus, la Quinta de Olivos pasó a ser la sede central del Gobierno, la Casa Rosada se convirtió en una Súper Jefatura de Gabinete y, una vez dadas las condiciones tecnológicas para el teletrabajo, el Palacio legislativo mutó en una suerte de comité central de la coalición oficial, con invitados opositores, discusiones sin demasiada sustancia y, sobre todo, roscas varias.

Salvo en Olivos, donde al Presidente nadie le hace sombra, en la Rosada y en el Congreso se tejen los acuerdos (surgidos, a veces, de tensos desacuerdos). Santiago Cafiero es seguido de cerca por Wado de Pedro en un lado. En el otro, Sergio Massa consiguió entenderse por guiños con Máximo Kirchner, y los peronistas provinciales parecen haber aceptado que CFK ocupe el trono amenazante de lo que puede pasar si no le hacen caso al componedor de Alberto.

En la emergencia, digamos que la subdivisión del poder reemplazó a la división de poderes. Con un albertismo que aún no llega a ser, un cristinismo que ya no es lo que era, un massismo postergado a propósito porque sigue sin llegar su momento y una oposición que por un lado negocia y por el costado más ultra, trina por todo y espera con el pico abierto que lleguen los fracasos.

Alberto Fernández, por lo pronto, sabe que ese esquema, estirado a la larga, es una trampa demasiado peligrosa. Tal vez en los próximos días, la búsqueda de consensos económicos y sociales empiece a abrirse paso entre las noticias, tan infectadas de Covid-19.

Pero, bueno, tal vez es sólo tal vez.

 

por Edi Zunino

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