lunes 19 de abril de 2021
Perfil

Caso Nisman, 6 años: la hipótesis del “suicidio bobo” que nadie se animó a esbozar

POLITICA | Por Edi Zunino | 17 de January 11:52

El anti-kirchnerismo político, mediático y judicial prácticamente “prohibió” hablar de suicidio en el caso de la muerte dudosa de Natalio Alberto Nisman. Expresar hasta la más mínima duda sobre la esperpéntica y mal llamada “pericia” de Gendarmería que describió una escena del crimen físicamente imposible, significaba (y en parte sigue significando) que uno se había convertido poco menos que un corrupto.

El caso se politizó hasta tal punto, que sólo cabía interpretarlo según los intereses de los bandos en disputa, empezando por el de la mayoría circunstancial anti K que comenzó a consolidarse entre aquel 18 de enero de 2015 y las elecciones presidenciales de octubre del mismo año. Debía ser un homicidio casi ordenado por Cristina Kirchner, hipótesis que terminó convirtiéndose en oficial. Y, si no hubiera sido asesinato, a lo sumo sería un suicidio inducido por oscuros personajes ligados a la vieja SIDE que querían perjudicar a la misma CFK. Dos maneras de concebir un mismo hecho como un crimen sí o sí político perpetrado por el enemigo de quien lo analice, a favor o en contra de una misma persona.

El año pasado, para estas fechas, escribí un informe titulado Caso Nisman: ¿y si fue suicidio, qué hacemos?”     

 . Ahí planteaba por qué, a partir de varias pruebas irrefutables acumuladas en el expediente del caso, de ninguna manera puede ser que en ese baño haya habido dos personas manipulando un cuerpo de 90 kilos ya sin vida, y ni siquiera una. Hoy, en el 6º aniversario de esa muerte todavía inexplicada por lo menos seriamente, quiero plantear la hipótesis menos transitada por ser la menos política de todas. ¿Y si Nisman se mató sin querer, como quien dice… jugando?

La teoría del “suicidio bobo” no encaja en el dramatismo de la novela negra entretejida en torno del suceso. Sin embargo, en el propio expediente hay pruebas suficientes para, por lo menos, animarse a especular sobre esa línea jamás investigada.

Está probado que:

1) Nisman era un hombre de personalidad intensa y ciclotímica. Frívolo. Noctámbulo. Enamoradizo. Celoso. Temerario.

2) En las últimas horas de su vida, estaba ansioso por la denuncia que iba a presentar en el Congreso, es cierto, pero también alterado en su fuero íntimo y sentimental. Había discutido fuerte por chat con su ex esposa, la jueza Sandra Arroyo Salgado, quien llegó a plantearle que no lo dejaría ver más a sus hijas.

3) Además, su actividad en las redes sociales lo mostraba muy pendiente de la relación con una joven modelo del staff del polémico Leandro Santos: la chica estaba en una playa del exterior y aparecía en sus cuentas fotografiada con muchachos de su edad.

4) Al llevarle la pistola Bersa 22 al departamento de Puerto Madero, su asistente Diego Lagomarsino le advirtió que tuviera cuidado, que el arma era “vieja” y no sabía si funcionaba bien.

5) En otra de las ventanas abiertas en la computadora del fiscal estaba googleada la palabra “psicodelia”. Quiere decir, según la real Academia: “Excitación sensorial que se manifiesta con euforia y alucinaciones, producidas por el consumo de drogas alucinógenas”.

6) Los análisis toxicológicos hallaron restos de ketamina en los órganos cadavéricos. La “keta” es un anestésico que, consumido en dosis “lúdicas” tolerables, produce la clase de alucinaciones señaladas recién.

Hay cierto acuerdo en que Nisman murió a las 3am. Pregunto: ¿y si quiso salirse de cierto estado ansioso, consumió ketamina, jugueteó con la pistola frente al espejo y se le escapó un tiro?

Claro: así no muere un prócer. Tampoco un maléfico conspirador. Pero tampoco habría muerto como dicen que murió. Eso sí que huele a película. Y también está en el expediente.

 

por Edi Zunino

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