miércoles 27 de enero de 2021
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Botana: "Alberto Fernández mostró una ductilidad muy grande para cambiar el lenguaje"

POLITICA | Por Jorge Fontevecchia | 11 de January 08:42

Miembro de la Academia Nacional de Historia y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, encuentra en la experiencia de Fernando de la Rúa y Chacho Álvarez con la Alianza un antecedente del estilo de gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. También señala que la política argentina tuvo, a lo largo del tiempo, grandes electores. Sin embargo, ve una particularidad que complejiza el análisis: la dirigencia se descentró y la corrupción es un trasfondo siempre presente. Ambos elementos pueden llevar a un final preocupante. Pese a todo, sugiere aprender de los esfuerzos de Juan Perón y Ricardo Balbín para terminar con la grieta y los enfrentamientos históricos. 

—En una de sus columnas, cita a Timothy Snyder: “La posverdad es el prefascismo”. ¿Dónde están las usinas de la posverdad? 

—Cuando escribe ese texto, Snyder está pensando fundamentalmente en las circunstancias de su país, Estados Unidos, gobernado por Donald Trump. En el mundo se radicalizó un componente que a la política le cuesta mucho trabajo controlar y encauzar hacia el bien general. Ese componente es la mentira. A lo largo del siglo XX, la mentira en la política desempeñó un papel tenebroso. Muy difícil concebir a Adolf Hitler, por ejemplo, sin el papel de Joseph Goebbels, que decía: “Miente, miente, y algo quedará”. Hoy no estamos viviendo esos trances feroces de los regímenes totalitarios. Pero el choque de valores que hay en este momento de la democracia más este desarrollo fáustico, esta mutación civilizatoria de los medios de comunicación y la irrupción de las redes sociales, están creando un mundo. El hecho para el periodista es el dato fundamental de su tarea. Debe identificarlo, medirlo, controlarlo con fuentes diversas. Hoy desaparece y está sujeto a una multiplicidad de interpretaciones. Esa multiplicidad de interpretaciones depende mucho del cambio extraordinario que tuvo la opinión pública. Me refiero a las democracias. La opinión pública está en manos de las redes sociales y de esta revolución increíble que es el teléfono inteligente. Eso provocó que vivamos envueltos en interpretaciones. Los hechos, como tales, son cada día más difíciles de discernir. Cuando ese mundo de las interpretaciones está en manos del poder, las cosas se complican extraordinariamente. Lo que está viviendo Estados Unidos es muy revelador. El presidente, que gobernó a golpes de tuits, define el mundo de acuerdo a su interpretación y no de acuerdo a lo que dicen los hechos. Resolvió, antes de que empezara el proceso electoral, que no podía perder. Lo que implica un atentado básico al principio de la democracia. La democracia está fundada en una voluntad de victoria, pero también en una ética de la derrota, en aceptar la derrota, como dijo Felipe González. Terminó el proceso electoral y no hizo otra cosa que señalar que Joe Biden, su opositor, ganó por fraude. Todos los estados demostraron que tal fraude no existía. Lo único que debería hacer el Congreso es ratificar, tomar nota de las decisiones que adoptó cada uno de los estados. Con todo lo que pasó se está cuestionando el principio básico de la democraci, que es que si no se acepta la regla de sucesión, la democracia fenece. Me temo que Trump termine haciendo lo mismo que hizo Cristina Kirchner aquí en Argentina cuando asumió el presidente Mauricio Macri, que no cumpla con la solemnidad propia de una transferencia pacífica del poder. Lord Keynes decía que detrás de las palabras, de los debates, de los choques ideológicos de la democracia, siempre hay un pensamiento perdido que no se sabe de quién es pero que está presente. Hay dos sentencias de Friedrich Nietzsche que siempre me impresionaron. La primera dice que no hay hechos, sino interpretaciones. La segunda, que la interpretación es función del poder. Cuando el poder interpreta y viola y ejerce violencia sobre los hechos y sobre la verdad, estamos en este mundo de la posverdad, que evidentemente le provoca al poder la sensación permanente de agravio hacia los medios de comunicación. La labor de un medio de comunicación es armar modestamente, pero con mucho esfuerzo, verdades parciales. Es decir, respetar los hechos. 

Escuchá el reportaje completo en Radio Perfil. 

por Jorge Fontevecchia

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