domingo 25 de julio de 2021
Perfil

Biden, Kamala, los Fernández y el inminente regreso al comunismo recargado

POLITICA | Por Edi Zunino | 11 de November 11:56

Es increíble hasta qué punto la política, en casi todas partes, viene insistiendo en recargar conceptos del Siglo XX pero vaciándolos de sentido para convertirlos en armas retóricas aunque muy efectivas en debates nivel Twitter, o sea, descalificadores, ramplones, básicos y bastante embrutecedores, sino muy.

El fenómeno es global. Tiene que ver, tal vez, con una ola impresionante de descrédito que afecta a las democracias occidentales, basada en que amplias franjas de la sociedad, que no son sólo pobres, ven empeorar sin freno los distintos estándares de calidad que definen sus vidas concretas.

Ahora que estuvimos mirando varios días seguidos a los Estados Unidos por la tele, pudimos comprobar en vivo y en directo lo aprendices, lo pichis, lo en pañales que estamos en materia de grietas. Donald Trump no sólo sigue sin reconocer y ni siquiera mencionar el triunfo de Joe Biden y Kamala Harris, sino que justifica su actitud en que estos dirigentes demócratas son unos despreciables comunistas a los que se debe frenar antes de que se queden con todo.

Leer apenas un poquito sobre Biden basta y sobra para confirmar que el presidente electo de los EE.UU. tiene menos de marxista que Piñón Fijo de Marcel Marceau. Pero a Trump le da resultado insistir en eso, además de remarcar que “el viejo Joe” va a ser un títere de su vice, que es todavía más comunista que él. ¿Les suena?

Es cierto que Biden ganó las elecciones con más votos que ninguno de sus antecesores, pero también es verdad que Trump sacó casi 5 millones de votos más que en 2016 y se afirmó como referente popular: los “cogotes colorados” (trabajadores rurales llamados así porque están todo el día al sol) lo aman y aumentó su influencia, incluso, entre afros y latinos. Sus economías mejoraron en estos años, pero, sobre todo, Trump habla fácil, al hueso y al corazón, no importa si sus insultos y sus metáforas de folletín se ajustan a la realidad. Si no fuera una estupidez, yo diría que Trump es muchísimo más peronista de lo comunista que es Biden.

Facho y comunista son exabruptos de moda para que la popular haga ¡ooohhh! implican no decir nada y parecer osado. Certero. Zarpado. Son fórmulas pasadas de fecha de vencimiento. Y, de paso, frivolizan la historia consolidando un vacío verdaderamente peligroso: el vacío de las ideas, que ya es abrumador. 

Acá padecemos el fenómeno, pero al revés. Los comunistas vendrían a ser los Fernández (no lo digo yo, vean las grabaciones del #8N y otros banderazos) y los fachos, serían Macri y la Pato Bullrich. Por eso es que Trump usó la caja del FMI para bancar a Mauricio. Y, por eso, es que ahora Biden va a aflojar un poco y nos va a dar una manito. 

Bárbaro. Y a dormir tranquilos, que pese a la pandemia vamos a tener Papá Noel y Reyes Magos. Eso sí: mientras dormimos, la CGT, la de acá, la oficialista, ya está mostrando los dientes por el “giro a la ortodoxia” del que habla Guillermo Calvo, que Daniel Artana prefiere llamar el “giro a la racionalidad” de los Fernández y Martín Guzmán para que el FMI vea qué hace con nosotros, mientras el macrismo se apiada de “nuestros queridos jubilados”.

Nuestra remake de la grieta es un poco lenta y más bien en blanco y negro. En el mejor de los casos, un triste homenaje a Pino Solanas.

 

por Edi Zunino

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