domingo 25 de julio de 2021
Perfil

Beatriz Sarlo, polémica: “la vacuna por debajo de la mesa” tapó una gran urgencia

POLITICA | Por Edi Zunino | 05 de February 12:14

Anteayer, en la tele, Beatriz Sarlo reveló que le “ofrecieron la vacuna por debajo de la mesa” y se armó un nuevo escándalo. Fatalidades argentinas: acá, la escasez global de vacunas sirve más que nada para corroborar que no tenemos remedio.

Sin embargo, segundos antes de su enervante primicia -que hace ruido con motivos de sobra, pero nos vuelve a amarrar a la coyuntura-, Sarlo estaba intentando plantear soluciones de largo plazo a partir de su mirada del país, que suele ser aguda, independiente y, sobre todo, bien intencionada.

Decía Sarlo con ganas ya no de ver, sino de hacer la luz al final del túnel de una buena vez, que no se puede más vivir pendientes de la acusación de uno, de la maniobra del otro, de la prisión preventiva de aquel y de la libertad transitoria de aquel otro: “Tiene que haber un acuerdo político e intelectual donde aquellos que hayan delinquido vayan presos, se llamen Boudou, Cristina Kirchner, Mauricio Macri o el Espíritu Santo, no me importa su naturaleza humana o transhumana, hay que pensar el país hacia adelante”.

Beatriz Sarlo: "Me ofrecieron la vacuna bajo la mesa y dije 'jamás prefiero morirme ahogada de Covid'"

No es la primera vez que alguien propone una especie de Gran Acuerdo Nacional. No es la primera vez que se señala a la corrupción y a la falta de justicia como escollos para alcanzarlo. Tal vez la televisión no sea el ámbito más apropiado para meterse en semejantes profundidades. Aunque la mayoría de los debates se producen en la TV. Y lástima que el político que debatía con Sarlo, el senador K Mariano Recalde, encima prefirió encarar por la colectora de la superficialidad chicanera.

Cortó Recalde: ““Otro acuerdo que deberíamos tener es no condenar a través de los medios de comunicación. Y que los delitos que cometan Beatriz Sarlo o Marcelo Bonelli o quien fuera, se juzguen”. Fue ahí donde Sarlo cayó en la trampa de la provocación y la agenda del programa de TN “A dos voces” derivó hacia la supuesta manipulación artera de las vacunas por razones políticas, lo cual, insisto, merece ser destapado. Aún así, ya que hablamos de fatalidades argentinas: el chanchullo de hoy posterga y posterga y posterga el imprescindible diseño de un mañana.

Pero en la vacuna “de favor” -rechazada, desde luego, por Sarlo- puede estar la clave para ver juntos el agua y el aceite y analizar la estrategia pactista que proponía. Su idea tiene un problema, tal vez contaminada por la admiración que la une al fantástico Jorge Luis Borges: hasta donde sabemos, es decir, hasta las elecciones de 2019, Cristina y Macri concentraban una enorme cantidad de votos; si eso, entre otras megalomanías en que se basa su autoridad, les impide siquiera pensar en autoexcluirse del escenario político, ¿cómo hacer para que, eventualmente, vayan presos casi por su propia voluntad? El Aleph suena mil veces más factible que cierta autodepuración moral de nuestra bendita dirigencia, que incluye a un montón de jueces demasiado sinuosos. Ello no quita, claro, la necesidad y urgencia de un gran pacto para salir del pozo. Lo polémico de Sarlo es la forma, no el fondo.

Suele ponerse al Pacto de la Moncloa como ejemplo genérico de que algo así es posible. Y hasta se dice que Alberto Fernández quisiera ser “el Adolfo Suárez argentino”. Ningún pacto político en la Historia se ha hecho a partir sólo de concesiones. Más bien han primado las exigencias y las garantías. Para que el Pacto de la Moncloa se llevara a cabo, la dirigencia española completa debió ponerse de acuerdo en que nada de andar revisando los crímenes del franquismo y es así como, 43 años después, los parientes aún vivos de las víctimas del régimen siguen esperando respuestas, en muchos casos ni siquiera justicia.

¿Qué clase de exigencias y qué tipo de concesiones toleraría la Argentina de la confrontación en busca de un acuerdo? Quién sabe. Sólo es de suponer que semejante movida transversal y colectiva requeriría, de antemano, tres sustancias mucho más escasas que la vacuna contra el Covid-19: ganas, calma y amplitud.

 

por Edi Zunino

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