domingo 25 de julio de 2021
Perfil

A 45 años: aquella dictadura nos enseñó esta democracita de morondanga

POLITICA | Por Edi Zunino | 23 de March 12:51

Igual que Fito Páez, aunque con un poquito menos de talento, “nací en el 63, con Kennedy a la cabeza”.

Los nacidos en el 63, si a nuestras familias les había ido más o menos bien, lo cual era bastante posible por aquellos tiempos, entramos a la secundaria en marzo de 1976. O sea: hace exactamente 45 años dábamos los primeros pasos de nuestra formación adolescente y ciudadana… en dictadura. Los militares dieron de baja a la materia Estudios de la Realidad Social Argentina, de inspiración peronista de izquierda, para reinstaurar la Educación Democrática. Sí, la dictadura enseñaba democracia, según la versión oficial, que al fin y al cabo para eso venía.

En el 78, fuimos campeones del mundo y hubo festejos en un Obelisco rodeado por la consigna oficial: “El silencio es salud”. Con 15 años, si tu familia era más o menos informada, sabías que algo malo estaba pasando, pero no tenías la menor idea de la existencia de tantos silenciados a la salud del régimen.

En el 79, todos tuvimos un primo, un amigo, un conocido a punto de ir a la guerra con Chile. No podía ser eso de una guerra acá, en nuestras narices.

Pero a los del 63 nos tocó la colimba en el 82. Guerra de Malvinas. Si estás contando esta historia es que no fuiste a morir o enloquecer en combate, como sí fueron aquellos pibes misioneros y correntinos que hicieron la instrucción en la Compañía de Defensa de la 7° Brigada Aérea de Morón, los mismos que, en el comedor, se comían el guiso que vos dejabas porque no lo aguantabas más. Los mismos a los que, en la primera visita, nadie los fue a ver porque la familia estaba lejos y no tenía para el viaje, y se te cagaban de risa cuando, al irse tus parientes, los milicos te bailaban a morir por la única razón de que “¡los civiles son desordenados; miren cómo quedó todo lleno de papeles por el piso; así no hay país que pueda ir a ninguna parte!”.

Ningún sufrimiento es nada comparado con la muerte. Y aquellos eran tiempos de muerte. Pero el tiempo pasa y aquellas muertes, que eran muchas más en los operativos y en los sótanos y en los vuelos de la muerte que no veíamos, se confunden en la misma película con aquellos sufrimientos sin importancia que te tocaba sufrir a vos y es imposible que todo aquello no te haya dejado marcas.

Cuatro décadas y media después deberíamos haber aprendido que la ausencia de dictadura no conforma en sí misma una democracia. Que no importa demasiado ya si fueron 30.000 o 9.000 si lo que vamos a hacer con esos números monstruosos sólo destruye, multiplicando al infinito la intemperie en una democracita de morondanga concebida nada más que para repartir cada tanto unos cuantos tickets para esa mezcla cotidiana de tragedia, comedia y reality show en que se convirtieron los representantes de la Patria o la República.

Cuarenta y cinco años deberían ser tiempo suficiente para dejar de romper todo y poner manos a la obra.

 

por Edi Zunino

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