lunes 24 de enero de 2022
Perfil

Qué pasa cuando "Juntos" quiere decir no tanto y "Todos", apenas algunos

PODCASTS | Por Edi Zunino | 08 de December 10:00

Ya nos ocupamos en este mismo espacio de las discrepancias y chispazos que animan el imprevisible devenir del gobernante Frente de Todos, sello que traduce y resume la doble y grandilocuente ilusión de la unidad y la totalidad. Ahora bien, en Juntos por el Cambio, que últimamente se ha simplificado en sólo Juntos, los desencuentros por ahora tapan la discusión sobre si habrán abdicado de cambiar algo. Ambas coaliciones usan los mismos argumentos –en síntesis, que en la diferencia está la riqueza- para achicar las distancias entre las razones verdaderas de sus rencillas internas y los graves problemas que afectan al resto de los mortales. Sin embargo, en sus ensimismados procederes lo único que pareciera justificarse son los votos conseguidos por terceras opciones “anti-sistema”, digamos, o el desgano total de quienes ya ni siquiera van a votar.

El espectáculo, por el lado de “no tan Juntos”, lo venían dando los “halcones” y las “palomas” del macrismo (o el posmacrismo, según de qué pájaros hablemos). Pero estallaron los radicales, que de tan renovados y agrandados parece que no entran en sí mismos y, antes de que nazca, ya fracturaron el sub-bloque de diputados calentando la confrontación por la conducción del histórico partido. De golpe, parecieron reproducir los mismos argumentos de la vereda del Frente: “No puede ser que los que perdieron conduzcan y los que ganaron, acompañen”, se dijo, cuestionando la reelección del cordobés Mario Negri. Y, a falta de una Cristina a quien adjudicarle todos los males, los más moderados señalaron que “la división sólo fravorece el proyecto político de Horacio Rodríguez Larreta”. Como dándoles la razón, el PRO completo actuó una súper foto de unidad con tanta gente que se debe ampliarla con zoom para comprobar que estaban todos. A esta doble capa de competencias intestinas hay que sumar las que vendrán para ver si a los “libertarios” de Javier Milei y José Luis Espert se los suma o se los rechaza.

En ese marco de reacomodamientos para encarar una nueva etapa política que sí o sí direcciona todos los reflejos condicionados hacia 2023, lo que más sigue unificando a la oposición es algo de lo que no se habla: el miedo a que al Gobierno le salgan bien las cosas, porque ya se sabe cuántas veces se pronosticó la muerte del peronismo y sus variantes para haber llegado hasta donde estamos.

La pospandemia, la crisis y el cuco del FMI son problemas de suficiente peso específico para suponer que la Casa Rosada tenga con qué condicionar a todo el sistema político tras la zanahoria de la unidad, el diálogo y la salvación nacionales. El asunto es que, más allá de las intenciones del oficialismo, la pospandemia, la crisis y el Fondo condicionan las gobernabilidades de quien sea que gobierne dentro del futuro inmediato y, al menos, por una década.

La única manera de ser optimista sería que se dé lo más difícil: que cada cual haga lo que debe. Que el Gobierno ordene la conversación en los temas trascendentes y sin anchos de otro mazo en la manga, que la oposición se amigue con los argumentos y que todos piensen más en lo que se dice que en quién lo está diciendo. Aun en su pobreza franciscana, este empate institucional que sin querer queriendo impuso el voto popular puede ser la oportunidad de que, al menos por un rato, vayamos a las cosas.

por Edi Zunino

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