En su nueva columna “¿Qué nos pasa con lo que está pasando?”, la psicóloga Guillermina Rizzo (Mat. 79.901) analiza cómo el Mundial funciona como un fenómeno social capaz de unir a millones de personas, pero también como una pausa emocional donde ciertas discusiones quedan momentáneamente desplazadas.
A partir del concepto de “teatrocracia” del sociólogo y antropólogo francés George Balandier, Rizzo reflexiona sobre cómo los grandes eventos colectivos construyen escenarios, relatos y símbolos que captan la atención social. El fútbol, explica, no es una distracción negativa: es un refugio legítimo, una alegría compartida y una necesidad emocional frente a una realidad muchas veces difícil de atravesar.
La especialista plantea el interrogante sobre cómo el poder puede aprovechar esa pausa para correr el foco de otros problemas urgentes. Mientras millones celebran a la Selección Argentina y la figura de Lionel Messi, las dificultades económicas continúan afectando la vida cotidiana: el endeudamiento, la pérdida del poder adquisitivo y la incertidumbre sobre el futuro.
Desde la psicología política, Rizzo analiza el concepto de “significante vacío” de Ernesto Laclau y cómo la camiseta argentina puede unir realidades completamente diferentes durante 90 minutos. Una identidad común que convive con desigualdades que vuelven a aparecer cuando termina el partido.
La columna invita a disfrutar del Mundial, pero también a preguntarse qué ocurre cuando las luces del estadio se apagan: porque la fiesta puede ser de todos y todas, pero los problemas no afectan a todos por igual.

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