miércoles 30 de noviembre de 2022
Perfil

Mario Ishii, el barón del Presidente (y los que vinieron antes)

PODCASTS | Por Edi Zunino | 26 de January 11:50

A principios de los ‘90, cuando era un muchacho grandote de treinta y pico, Mario Ishii se ganaba la vida como chofer y eventual guardaespaldas de un puntero local del Partido Justicialista, llamado Juan Carlos Denuchi. Gracias a él y a que Eduardo Duhalde partió en tres el viejo municipio de General Sarmiento y con eso se triplicaron los cargos electivos, en el ’95 entró al Concejo Deliberante de José C. Paz, el distrito más pobre del GBA, en la misma elección que puso en la intendencia a una gloria de San Lorenzo de Almagro en los ’70, Rubén “Hueso” Glaría. Se hizo popular Ishii -también fama de pesado- muy rápido: en medio de un clima político violento, en el ’99 le copó la parada a Glaría y el sillón municipal fue para él. Desde entonces, sólo entre 2011 y 2015, cuando se tomó un respiro para ser senador provincial, este corpulento “Japonés” de poncho federal dejó el cargo de intendente (pero jamás el poder de la Intendencia).

Ishii es de los peronistas formados en la tradicional escuela rosquera que enseña a construir espacios propios poniendo siempre “un huevo en cada canasta”. Así, por ejemplo, en 2003 apoyó a Néstor Kirchner a pedido de Duhalde, pero también puso gente de su extrema confianza en las otras listas peronistas que encabezaban Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá (con quien ahora se irá de viaje a China y Rusia). Después, menos con Fernando de la Rúa, supo hacer buenas migas con todos los presidentes, incluido Mauricio Macri. Ahora, las actuales preferencias presidenciales por el “Japonés” se justifican, sobre todo, en la necesidad de atravesar aguas turbulentas y ver si se articula de una buena vez el “albertismo” con vistas a 2023, para lo cual el caudillo territorial bonaerense más votado en las PASO y las generales resulta un aliado Clase A.

Es que Mario Ishii vendría a ser algo así como el Gildo Insfrán del Conurbano. Maneja un territorio impenetrable y temible, por ausencia de oposición y exceso de necesidades sociales. Hay que reconocerle, sin embargo, que José C. Paz incorporó bajo sus sucesivas gestiones servicios sanitarios y educativos de cierta calidad, como el Hospital Cardiovascular “Miguel Ángel Bulján” y la universidad local. Claro que no le faltan denuncias acumuladas en contra: tomándose de sus propios dichos durante la pandemia en un episodio con ambulancieros en huelga –les dijo: “yo les tapo la falopa y ustedes me responden así”-, se lo acusa de proteger al narcotráfico; mientras que la Coalición Cívica denunció que controlaría un grupo de empresas mediante testaferros y familiares para tapar su presunto “enriquecimiento ilícito” y sumar poder económico al político. Digamos que sus secretos vendrían a ser casi –casi- un lugar común.

por Edi Zunino

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