miércoles 30 de noviembre de 2022
Perfil

Los puentes ocultos de Rodríguez Larreta con los K

PODCASTS | Por Edi Zunino | 22 de September 12:38

Ayer, la oposición mayoritaria nucleada en Juntos posó para la foto de unidad. Estaban todos: los halcones, las palomas, los que no vuelan, pero corren…, todos estaban para contrarrestar, con una foto de familia, digamos, la bolsa de gatos oficialista evidenciada en los últimos tiempos.

Da ternura la oposición a veces (para buscar una sensación no tan negativa): Mauricio Macri le pide “autocrítica al Presidente” actual y Alfredo Cornejo cuestiona al Frente de Todos porque “sólo se juntaron para ganar una elección”, como si de ese lado de la bendita grieta sobraran el mea culpa y los planes de largo plazo.

Tampoco los unifica tanto mirarse en el espejo de la división ajena. Ayer mismo, ni bien Horacio Rodríguez Larreta daba su apoyo a las llamativas flexibilizaciones de la Casa Rosada para esta etapa electoral de la pandemia porque le daban razón a él, los macristas más ultramontanos le tiraban con todo a Juan Manzur, porque resulta que ahora hay que cuidarse. ¡Qué difícil ha sido gobernar en estos tiempos tan pandémicos e irracionales! Si hasta Rodríguez Larreta sigue siendo marcado de cerca por los propios, no sea cosa de que cualquier coincidencia circunstancial con el enemigo jurado sea interpretada como una traición a la ideología del “no sé de qué se trata, pero me opongo”.

Los talibanes de Juntos anotaron con fibra indeleble que la irrupción de Javier Milei en la escena política permitió corroborar que en ese público donde Adam Smith, Keyness o Friedman no quieren decir nada, pelearse fuerte con Rodríguez Larreta le quita votos duros al PRO. Lo curioso es que desde el Frente de Todos también miran con temor el fenómeno, porque el histriónico economista se llevó votantes peronistas -e incluso K- de los barrios populares del sur porteño. Territorialidad y juventud son dos dimensiones yuxtapuestas donde larretistas y kirchneristas se están obligando a frenar la Ola Milei (por separado, cierto). 

En este Siglo XXI, izquierda y derecha son simplificaciones que confunden. Miren si no a Cristina Kirchner, que prefiere a Manzur cuando las papas queman. Por eso, no sorprende que Larreta se empeñe tanto en ser el peronismo porteño. Claro que lo oculta en el discurso público, para evitar que se enojen los clásicos votantes anti peronistas de la Capital Federal. El de Larreta –por origen y por acción- es un desarrollismo filo peronista que, en la Ciudad, busca afianzarse en una alianza de las clases medias y las bajas, porque, además, los nuevos ricos y los herederos de la vieja aristocracia (supuestos votantes clásicos del PRO) se exiliaron en los barrios privados de alta gama, en el Conurbano y más allá.

Buena parte de la misión larretista en las barriadas populares está en manos de la ministra de Desarrollo Social porteña, María Migliore, que es de origen peronista, tiene lazos con los movimientos piqueteros y es amiga del dirigente social Juan Grabois, con quien comparten las bendiciones del Papa Francisco.

Grabois no es el único puente entre el Jefe de Gobierno y el kirchnerismo. A Sergio Massa le cabe más, incluso, la metáfora ingenieril del puente. Es un viejo amigo del “Pelado” y no se separa de Máximo Kirchner, a quien le ofició de lazarillo por los más variados y resbaladizos túneles del establishment (líderes racionales de la oposición incluidos). Comparten la idea de reconstruir el sistema de representación política con más énfasis en un centro dialoguista que en los extremos híper confrontativos. Salir del laberinto por arriba, como quien dice. 

De algún modo, así funciona la Ciudad de Buenos Aires. Por eso, a la hora de identificar vasos comunicantes, tampoco debe pasarse por alto la buena convivencia de larretistas y kirchneristas en la Legislatura, donde tanto Macri como el actual mandatario local jamás contaron con mayorías garantizadas ni sufrieron oposiciones furibundas. Las permanentes tensiones nacionales, tantas veces exageradas por las permanentes cuestiones electorales, siempre taparon la cordialidad que suele reinar en el palacio con dirección oficial en Perú 160.

Hace poco más de un mes, en una entrevista con Jorge Fontevecchia, el exministro de Cultura, Pablo Avelluto, dijo que "los acuerdos de la clase política argentina son mucho mayores de lo que se está dispuesto a asumir públicamente". Lo dijo en tono de revelación y justo cuando se le preguntó si con Horacio Rodríguez Larreta como Jefe de Gabinete, la gestión Macri hubiese tenido una lógica menos controversial.

Tal vez estemos a punto de ver, luego de las elecciones de noviembre, algunas puntas más explícitas de esa realidad tapada por las pasiones políticas y mediáticas. El país está mal y el sistema político, encajonado en una sensación de empate que nos hace perdernos a todos en la ilusión de un gol de carambola.

por Edi Zunino

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