sábado 25 de junio de 2022
Perfil

La psicodelia “cristinocéntrica” de Patricia Bullrich

PODCASTS | Por Edi Zunino | 03 de February 10:35

En 1939, es decir, hace algún tiempito ya, el filósofo español José Ortega y Gasset nos dejó aquel concepto tan profundo, tantas veces invocado y casi nunca tomado en cuenta. Vuelvo a citarlo: "¡Argentinos! ¡A las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal".

O no lo escuchamos o lo entendimos al revés, en una especie de Síndrome de Gasset y Ortega. La personalización de la política, o sea, la discusión de las personas y no de las cosas, de las ideas, de los proyectos, es el síntoma tal vez más entretenido, pero seguro más afiebrante de esta enfermedad llamada grieta, que sólo deja secuelas de fracaso. Y atraso.

Me quedo, para el caso de la columna de hoy, con las posiciones fijadas primero por el radical Alfredo Cornejo y ahora por la titular del PRO, Patricia Bullrich, con respecto a qué se debe hacer frente al acuerdo con el FMI alcanzado por el Poder Ejecutivo y que ahora debe resolver el Congreso Nacional. Cornejo señaló que, para tomar una decisión, primero quiere escuchar qué opina Cristina Fernández de Kirchner, con quien ahora el mendocino comparte el magno ámbito del Senado. Bullrich, por su parte, habló tras la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados del Frente de Todos, que vino a echar más leña al fuego de la Visión Cornejo del asunto. Dijo que, si ellos no avalan el entendimiento, nadie debería avalarlo y al menos ella no lo va a hacer, aunque no tiene banca.

Nótese la centralidad que tiene CFK en el pensamiento político de una presidenciable opositora de primera línea para 2023 (si se lo puede llamar pensamiento, ya que más bien suena a emotividad sin filtro, pero con hinchada). Es psicodélico el argumento, porque confunde todas las categorías de conversación en busca de la mezcla de colores y sensaciones que más pueda satisfacer el fanatismo seudo-religioso que anima la polarización.

Traduzco: de tanto enfrentarse a Cristina y al cristinismo, un sector de la oposición se plantea tomar la misma decisión que, eventualmente, podrían tomar aquellos a quienes cuestiona. Y eso borra de la mesa el contenido del acuerdo y su conveniencia o no para el futuro de los argentinos, que vendrían a ser las cosas, según Ortega.

Claro que sí: puede ser que la chicana tenga algún efecto sobre la decisión final que tomen Cristina, Máximo y sus no menos fanáticos acólitos, y de última los dejará expuestos como culpables de lo que salga mal. Pero huele a teatro shakespeareano, tipo: si no probás vos primero, yo menos, a ver si el sapo que nos vamos a tragar está envenenado… Sólo que el veneno y el sapo (en caso de que lo sean) no dependen de la actitud de una persona o dos. Dependen de que la dirigencia política, con tiempo, paciencia y bien asesorada desmenuce el acuerdo con el Fondo y lo proyecte dentro de lo posible hacia el futuro, a ver si nos conviene tal como está o merece algún que otro retoque o hay que barajar y dar de nuevo.

por Edi Zunino

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