sábado 25 de junio de 2022
Perfil

Jugo de Lula

PODCASTS | Por Edi Zunino | 09 de December 11:51

La presencia estelar de Lula, mañana, en la Casa Rosada y en la Plaza de Mayo genera polémicas. Primero, por los chispazos diplomáticos con Brasil; segundo, por el doble estándar del discurso oficial argentino en cuanto a lo que es meterse o no meterse en las cuestiones de otros países; y tercero, por la centralidad que adquiere un líder político foráneo en la celebración de los 38 años corridos de democracia en la Argentina, que, aparte, marcan el medio término exacto del actual mandato presidencial.

Voy por el final. Es evidente que los Fernández decidieron prolongar lo más posible el modo festejo y mantener abierto el escenario de la histórica plaza, que siempre da idea de iniciativa. Parece bastante claro, también, que homenajeando a Lula se homenajean a sí mismos a partir de alguien que -a los 76 años, liberado por la Justicia y primero lejos en las encuestas para el año que viene- funciona como una especie de rockstar eterno e imbatible, condición que Alberto y Cristina no pueden exhibir el día después de concretarse su notable disminución de fuerzas en el Congreso de la Nación.

No hay dudas de lo que gana Lula lanzando su carrera electoral con una fiesta en Buenos Aires, rodeado de los principales mandatarios argentinos y agasajado también por las dos centrales sindicales, como para que nadie olvide su propio origen obrero y popular. Queda por verse qué le aporta al Frente de Todos la fiesta: si una transfusión de fortaleza, una refrescante caipirinha o sólo un capítulo más del remake de la novela “Estamos mal, pero vamos bien”.

Lula viene con expectativas renovadas, pero no en el auge de su vida ni en la máxima vitalidad de su proyecto político, lo cual lo hace depender como nunca –para volver a gobernar- de una alianza con la centro-derecha conservadora del PSDB. La convocatoria de mañana no tiene nada que ver con aquella Cumbre de las Américas en Mar del Plata, ni Lula es el mismo Lula, ni los Fernández son aquel Néstor Kirchner, ni sería conveniente invitar al actual presidente venezolano para que haga de Hugo Chávez en la interpretación de “ALCA, al carajo”. Pasó mucha agua bajo todos los puentes. Y no termina de pasar una pandemia. Lo que hace 16 años podía enfervorizar multitudes y generar simpatías alrededor, hoy es un trámite alejado de la compleja cotidianeidad de los argentinos (por más bien que me pueda caer Lula, sobre todo en comparación con Bolsonaro).
Las demás contradicciones son pasto para las fieras opositoras. Darle tribuna gubernamental al candidato brasileño que se opone al actual presidente, digan lo que digan, no pega ni con cola en la tan meneada idea de no intromisión en los asuntos internos de los demás países.

por Edi Zunino

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