martes 21 de septiembre de 2021
Perfil

Facundo Manes, entre Sarmiento y El Dipy

PODCASTS | Por Edi Zunino | 28 de June 11:13

Si miramos con detenimiento lo que está pasando con Facundo Manes en el sector no radical de Juntos por el Cambio, podríamos concluir que las efusivas discusiones de los últimos meses por la presencialidad en las escuelas y la prioridad educativa estuvieron más motivadas en dañar al Gobierno y al kirchnerismo que en alzar banderas pensando en el futuro de los argentinos.
Digo, porque si hay alguien que, en estos años, incluso antes de la pandemia, irrumpió en el debate público proponiendo que los inexistentes planes educativos y científicos de largo plazo serían la única estrategia económica para meternos de cabeza en el Siglo XXI, ese fue el neurólogo Manes. Y llama la atención el nivel de ninguneo y barateo y desprecios varios que está recibiendo por parte de paladines de la educación que, por otra parte, no fueron precisamente un dechado de virtudes en la gestión gubernativa.
Mauricio Macri, por ejemplo, acaba de aceptar con visible desgano que Manes se sume finalmente a la competencia electoral cambiemista, diciendo que sí, que “está muy bien sumar figuras que no vienen de la política, como El Dipy, Alfredo Casero y Facundo Manes”. La ideología de Biblia-y-calefón que profesa el expresidente iguala, en la difusa categoría de la “no política”, el dudoso talento motivador de un bailantero mediático con el enojo enfurecido de un humorista y con el sentido transformador que podría tener darle prioridad al cerebro de los jóvenes en un país pauperizado donde los jóvenes y los niños son los más pobres de todos.
 
Por su parte, Lilita Carrió, que ya no sabe cómo despegarse de Macri sin romper, acaba de referirse a Manes como “este muchacho que quiere ingresar a la política para acceder a la presidencia en dos años”, y dijo: “Yo hablé con Facundo. Sé que quiere ser presidente, pero a la vez busca que todos nos pongamos a su disposición. Para algunos la vida es un camino, pero veo que algunos quieren llegar en helicóptero a la Casa Rosada con un mesianismo que no es cristiano. Sin conocer la política dicen ‘yo estoy destinado a ser presidente’. No son de ningún partido, son de ellos. Esto no es así, yo les pido un poco de humildad”.

Y hasta Horacio Rodríguez Larreta le bajó el precio a Manes, aunque con más flexibilidad, buena onda y menos rudeza. “Suma y puede ayudar a sumar a otros, como Margarita Stolbizer”, dijo el jefe porteño, colocando al neurocientífico en el mismo estante minoritario y para algunos despreciable que la “ex massista” Stolbizer.

Todos hablan de Manes por lo que Manes es o suponen que es: un extrapolítico, un oportunista, un condimento… Nadie plantea nada sobre los ejes de desarrollo que viene planteando Manes. Y ojo, que no se trata de defender a alguien sobre cuya capacidad política o dirigencial se sabe poco y nada, sino de develar hasta qué punto estamos dispuestos a encarar una conversación sustanciosa o sólo se trata de brillar opacando al otro. Las propuestas, los programas, las ideas para el desarrollo del país o al menos para sacarlo del pozo valen lo que un pepino al lado de lo importante que es ganar una elección. Así viene funcionando la cosa.

Facundo Manes se presenta como una especie de Domingo Faustino Sarmiento, no entra en debates subalternos, chiquitajes o chicanas (al menos por ahora) y cosechó buenas amistades a lo ancho y a lo largo de todo el espectro político y más allá. Eso no lo convierte en mejor que nadie. Habrá que ver. Lo llamativo es que se lo equipare a lo peor o a lo menos interesante de una coalición que no viene de ser muy exitosa que digamos.

De todos modos, la cuestión no pasa por Manes sí o Manes no. Pasa, con Manes o sin él, por postergar el quién a favor de un para qué.

por Edi Zunino

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