jueves 5 de agosto de 2021
Perfil

El legado de Alber Elbaz

PODCASTS | Por Sara González Velásquez | 12 de June 16:42

 El Autor de piezas elegantes y amigables, acompañó los cambios de la moda sin desatender sus valores. Su muerte deja un vacío en el fashion.
 
El domingo 25 de abril, el mundo de la moda amaneció en duelo debido a la partida de uno de sus mayores talentos: Alber Elbaz. Considerado un héroe al rescate de mujeres deseosas de brillar con comodidad, este israelí afincado en París captó el espíritu del siglo XXI y utilizó sus recursos para hacer el bien. Carisma, sentido del humor y empatía al momento de comprender a las musas y realzar sus atributos, desatendiendo los sinsentidos de la moda, fueron algunos de sus poderes.

Como director creativo de Lanvin, maison fundada por Jeanne Lanvin poco antes de la Primera Guerra Mundial, Elbaz recuperó el romanticismo típico de la marca y reivindicó una moda sensible al bienestar de sus clientas. Estableció que su labor fue interpretar las demandas del presente y comprender la vida actual de las mujeres, para darles alegría.

Entre 2001 y 2015, el modisto se destacó por sus ingeniosos vestidos de cocktail; sus etéreos ítems corte imperio; su sastrería; su corsetería de encaje; sus clutches Y su bijoutería chunky; todo confeccionado con materiales ultra sofisticados y precisión escultural.

También estuvo al frente de la revolución digital, combinando expertise de artesano con novedosos modos de desarrollo y comunicación. Ese afán de innovar en beneficio de sus adeptas, lo llevó a concebir su siguiente proyecto: AZ Factory, una línea que promete transformar el modus operandi de la industria con piezas oníricas pero funcionales, en talles que oscilan entre el XXS y el XXXXL, integrando así todo tipo de cuerpos.

la vida de Albert, QUIEN suprimió la “t” final para facilitar la pronunciación del nombre, comenzó hace 60 años en Casablanca, Marruecos. Su familia se mudó a Jolón, Israel, cuando él tenía diez, y adoptó la nacionalidad. Hijo deL colorista, Meyer, y LA pintora, Alegria, Elbaz hizo de la imaginación su principal recurso durante la infancia.

En el colegio dibujaba estilismos inspirados en su maestra, y en casa, ante la carencia de juguetes, fabricaba vestidos para las piezas del ajedrez de su padre. Desde joven, el creativo manifestó tanta vocación por el diseño como voluntad de alegrar la vida de la gente. En sus años de servicio militar obligatorio, su asma le impidió ejercer tareas físicas, entonces quedó a cargo del entretenimiento del ejército.

Al ver que tantos soldados estaban lejos de sus familias, y que tantas señoras quedaban solas en hogares de ancianos, decidió unirlos para bailes recreativos. Un indicio de humanidad que luego trasladó a su profesión.

Tras estudiar diseño en el Shenkar College de Tel Aviv, a los veintitrés años se aventuró a Nueva York con 800 dólares y un sueño. Comenzó a trabajar en una compañía de vestidos de novia, antes de que su perspicacia y su simpatía con las clientas captaran la atención de Geoffrey Beene, que lo incorporó como asistente de diseño por siete años.

A mediados de los 90, Alber se trasladó a París en pos de diseñar prêt-à-porter para Guy Laroche. Luego tomó la batuta de Yves Saint Laurent, donde exploró el costado más elegante de la maison, antes de que el Grupo Gucci la comprara y el estadounidense Tom Ford lo reemplazara como director creativo.

La leyenda cuenta que, cuando la marca LANVIN venida a menos fue adquirida por la empresaria china Shaw-Lan Wang, Elbaz la llamó para pedirle resucitar el emporio Y asumió la misión de su fundadora, cuya obra reunía sensibilidad y practicidad.
Desde sus orígenes Jeanne Lanvin pretendían dotar de comodidad a las más elegantes señoras; Alber lo entendió. Con su modestia y calidez características, atendió las demandas de mujeres que anhelaban belleza y elegancia sin sacrificios. El diseñador llevó a la marca hacia el futuro, suprimiendo fronteras, incorporando recursos tecnológicos y democratizando el sello Lanvin a través de colaboraciones con Acne Studios y H&M
Luego de su despedida del atelier, el diseñador admitió sentirse “sin hogar”. Desencantado con los modos impersonales y la aceleración de la moda contemporánea, se limitó a dar clases, diseñar vestuario para Natalie Portman y colaborar con nombres como Tod’s, Converse, LeSportsac y Frédéric Malle.
También visitó compañías de tecnología en pos de mantenerse al tanto de las innovaciones en ingeniería y diseño inteligente. Fue en Silicon Valley, epicentro techie, donde el creador se iluminó y creó AZ Factory, un ambicioso proyecto sponsoreado por Richemont, que aúna todas esas cualidades en piezas de carácter atemporal. El legado de Alber Elbaz, el genio que entendió y “abrazó” a miles de mujeres, perdurará.

Texto de Matías Tortello

por Sara González Velásquez

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