domingo 16 de mayo de 2021
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El Canal de Suez

PODCASTS | Por Esteban Nigro | 18 de April 10:00

Si tomamos un globo terráqueo y miramos el extremo noreste del continente africano, allí donde se une con la península arábiga, encontramos una particularidad geográfica. Las aguas del mar Mediterráneo están muy cerquita de las del mar Rojo. Esta cercanía, separada por apenas unos 150 km de tierra firme, no es un capricho de la naturaleza. 

La superficie terrestre no está quieta, como el sentido común a veces nos quiere hacer creer. Pasamos toda nuestra vida caminando sobre placas tectónicas que se mueven, si bien unos pocos milímetros al año, pero se mueven. En ese desplazamiento muchas veces estas placas chocan entre sí, e incluso algunas se hunden por debajo de otras generando en ese transitar terremotos. Así también, en otros lugares del planeta se genera nueva corteza terrestre, separando una placa tectónica en dos como sucede desde hace millones de años por ejemplo entre Sudamérica y África. De allí que, tal cual un rompecabezas, podemos encastrar perfectamente las costas que enfrentan ambos continentes si obviamos al océano Atlántico. En este caso, el sentido común no falla.   

Volviendo ahora a aquella zona donde casi se tocan el Mar Rojo con el Mar Mediterráneo, descubrimos que allí ya ha comenzado a resquebrajarse la corteza terrestre y a futuro no habrá contacto continental entre África y Arabia. Y así como el Atlántico para el caso anterior, el mar que los separará ya existe y es justamente el Mar Rojo. Pero tranquilos, aún faltan millones de años para que esos últimos 150 km de tierra firme que aún unen ambos lados, desaparezcan.  

Pero claro, muchas veces somos ansiosos y queremos que las cosas sucedan ya, ahora. Y si además existe un rédito desde lo comercial, esa ansiedad escala. Es por ello que desde épocas remotisimas el ser humano ha querido unir fluvialmente estos dos cuerpos de agua. Y no es para menos: de existir tal cosa, los barcos que quisieran ir desde Europa a Asia y viceversa, se ahorrarían tener que circunnavegar África. 

Los primeros intentos de esta proeza que se conozcan, datan de la época de los faraones hace 4000 años. Por entonces los egipcios descubrieron que más simple que hacer un canal que uniera ambos mares, era unir el Mar Rojo con el más próximo Río Nilo y que dado que el río desemboca finalmente en el Mar Mediterráneo, hiciera el resto del trabajo. Esa primera unión se denominó el canal de los faraones, y funcionó por cientos de años pero en algún momento de la historia quedó en desuso al ser sepultado por grandes tormentas de arena que provenían del desierto.

Si bien se sabe que en épocas más cercanas, tanto romanos, como venecianos y otomanos quisieron volver a construir un canal, fue recién Napoleón Bonaparte el que tomó cartas en el asunto. En su incursión de 1798 a Egipto se interesó tanto por el proyecto, que envió topógrafos a constatar las alturas de las aguas de ambos mares. Aquello no era un dato menor, dado que si había mucha diferencia entre ellas se debía construir no sólo un canal, sino esclusas también para permitir la navegación de los barcos. Cuando los topógrafos le informaron que había unos 10 metros de diferencia, Napoleón dió media vuelta y volvió a Europa ya que tenía otros intereses más urgentes como ser proclamado al poco tiempo emperador. 

Si bien el francés nunca lo supo, los topógrafos equivocaron sus cálculos y la realidad era que ambos mares estaban casi a la misma altura. Finalmente, fue otro coterráneo, llamado Ferdinand de Lesseps, el que en 1859 encaró la construcción del ansiado canal y lo llamaría “de Suez” dada la ciudad homónima próxima a la entrada sur, sobre el Mar Rojo. Claro que los barcos a mediados del siglo 19 eran ya bastante más grandes que los que habían transitado alguna vez hace 4000 años por el canal de los faraones. Por lo que hubo que diseñar un canal mucho más profundo y que ya no utilizara el río Nilo. De trazado Norte - Sur uniría directamente el Mar Mediterráneo con el Rojo.  

Durante 10 años Ferdinand de Lesseps vió como más de 25000 personas cavaban a mano desnuda el canal, removiendo la arena. Cuando en Europa se enteraron que eran esclavos los que estaban haciendo aquella labor, se armó tal escándalo internacional que obligó a Lesseps a pagarle a cada uno y además a comprar maquinaria a vapor para los trabajos más laboriosos. Finalmente, en 1869 estuvieron listos los 163 km que unen ambos mares y el Canal de Suez fue inaugurado. Los principales beneficiarios del uso del canal por entonces, fueron los ingleses que por entonces estaban en el apogeo de su explotación de la India. 

Hoy en día transitan el canal de Suez hasta 100 barcos diarios, que unen Asia con Europa ahorrándose 15 días de navegación alrededor de África. Claro que ese beneficio tiene un precio, un barco granelero por ejemplo debe desembolsar 250 mil dólares cada vez que lo cruza en cualquiera de sus sentidos.

por Esteban Nigro

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