viernes 24 de junio de 2022
Perfil

El cambio en Chile viene, ante todo, por lo generacional

PODCASTS | Por Edi Zunino | 20 de December 11:57

El primer mensaje de Gabriel Boric al asumir el triunfo en las presidenciales trasandinas con casi el 56% de los votos fue a dos puntas: a su electorado le prometió “derechos sociales” y ante ese otro Chile que representa nada menos que el 43% aseguró que piensa moverse con “disciplina fiscal”.

Convertirse en “el presidente de todos los chilenos” que pretende ser Boric -según sus propios dichos- se presenta como una tarea nada fácil en un país que se exhibe más fragmentado en lo generacional que en lo social o lo ideológico. Con pandemia y todo, la pobreza en Chile apenas supera el 10% de la población (qué más quisiéramos de este lado de la cordillera). Más que un estado de injusticia crónico, lo que delataron las estruendosas movilizaciones que desembocaron en el fin de la constitución pinochetista y la redacción de una nueva –que está en proceso- fueron distintos niveles de inequidad, que afectan sobre todo a los más jóvenes.

Por eso Boric habla de derechos y no de reivindicaciones. Y por eso es que los principales analistas del país vecino interpretan que, con Boric, que tiene apenas 35 años, puede iniciarse una transición caracterizada por la modernización institucional, el derrumbe de la cultura conservadora y criterios de inclusión anclados a una mayor horizontalización del sistema educativo y más permeabilidad del mundo laboral. Lo que estaría viniendo en Chile podría tener más de Woodstock que de revolución cubana, por decirlo de alguna manera y atándonos a las definiciones que el propio Boric hizo sobre su propio izquierdismo, al manifestarse como un socialista moderado sin alineación alguna con La Habana o Caracas. 

La convención constituyente, compuesta en un 80% por exponentes de la lucha social y la intelectualidad progresista, podría ser su gran aliada en la batalla cultural por “despinochetizar” el país, lo cual tiene amplio consenso por lo visto entre la elección de convencionales en mayo y el ballotage presidencial de ayer. Sin embargo, todavía es muy temprano para revelar el enigma de cómo armará su gobierno y sus equipos ministeriales desde el 11 de marzo, cuando se haga cargo de La Moneda.

Desde los entornos de Sebastián Piñera y del derrotado José Antonio Kast agitan el fantasma de que se va a tratar de un gobierno copado por el Partido Comunista y otros exponentes de la izquierda más radicalizada. Se basan, ante todo, en la endeblez partidaria de la Convergencia Social y el Frente Amplio, que sostienen a Boric y no crecieron en prestigio, precisamente, por su gran “aparato”, sino por sus consignas fáciles de entender (y de apoyar) como la promoción de una “vida digna”. Ni siquiera representa Boric el sector dominamte de la CS, ya que el año pasado perdió las elecciones internas frente a una magister en Ciencias Políticas de 22 años, llamada Alondra Arellano.

Que la Unión Europea se haya anotado como la primera estructura internacional en felicitar a Gabriel Boric por su triunfo fue tomado como una señal más de la moderación que se pretende transmitir, al menos para no despertar fieras antes de tiempo.

Tiempo sería lo que, ante todo, le sobra al presidente electo chileno. Depende de que sepa interpretar a fondo el imprevisible polvorín sobre el que decidió pararse (y que no parece respetar jefaturas).

por Edi Zunino

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