lunes 24 de enero de 2022
Perfil

De las urnas a los tiros

PODCASTS | Por Silvio Santamarina | 01 de December 17:49

A

pesar de los amagues constantes de convocatorias a Pactos de la Moncloa o formatos similares de diálogo intersectorial, lo único claro que reina hoy en la Argentina es un Gran Desacuerdo Nacional. Nada a lo que no estemos ya acostumbrados en nuestra historia patria, aunque hay momentos y momentos. El nivel de desacuerdo con el que llega el país a otro diciembre picante puede medirse a simple vista repasando los brotes de violencia pura y dura que proliferan en la sociedad en estos días, en una alarmante racha en que las urnas suenan menos que los tiros.

Tomemos, para iniciar el recuento tétrico, los episodios de inseguridad que envolvieron, antes y después, la fecha electoral. Antes estalló la pueblada vecinal por el fusilamiento del kiosquero de Lomas de Zamora, tragedia que, para muchos analistas, no terminó reflejándose adecuadamente en las urnas. Del otro lado de la General Paz, y recién superado el test electoral, otro fusilamiento, el del jugador de las inferiores de Barracas Central a manos de la Policía de la Ciudad, cuya absurda muerte también levantó la furia vecinal y empañó la flamante victoria oficialista porteña, le puso una atroz simetría al caos institucional: en cualquier lugar del AMBA, morir violentamente es cosa de la vida cotidiana. Tan cotidiano es, que justo en la noche del escrutinio electoral, un guardia del búnker de los libertarios de Milei montó un breve show del miedo desenfundando su pistola en el escenario. Nota mental ciudadana: tengamos cuidado de los que nos cuidan.

¿Será que nos cuidan? La carta pública que le mandó Patricia Bullrich a Alberto Fernández esta semana con un alerta roja de seguridad sugiere que nadie nos cuida. Más allá del rédito partidario que anima este tipo de misivas alarmantes, el escenario que pinta la titular del PRO sobre el clima de terror narco que se adueña, como una enfermedad crónica, de la ciudad de Rosario y sus alrededores, es una realidad indiscutible para cualquier rosarino de a pie, a cualquier lado de la grieta ideológica.

Y la política no viene dando respuestas eficaces, al día de la fecha. La propuesta de “saturar” de uniformados -policiales e incluso militares- la zona copada por el terror narco podrá esperanzar a algunos e indignar a otros, pero en cualquier caso pinta de colores muy oscuros el horizonte de paz social que promete la dirigencia cuando habla de “mesas de diálogo”.

Atenta a las oportunidades de ponerle nombre y apellido al clima de caos social, Bullrich también aprovecha en su carta al Presidente para señalar otro punto rojo en el mapa de la convivencia intercultural en territorio argentino. La permanente conflictividad patagónica por la llamada “cuestión mapuche” se acaba de cobrar otra víctima fatal, también joven, también en circunstancias no clarificadas por las instituciones de Seguridad y Justicia. Aquí el Gobierno nacional sigue surfeando en su clásica postura histórica de no poner límites, dejando la ambigüedad de lectura para cada sector involucrado, en un espectro de opinión que va de calificar a las autoridades nacionales de impotentes, tolerantes o directamente cómplices. Ese mecanismo que invita a que cada cual elija su propia aventura le funcionó al kirchnerismo clásico de las vacas gordas. Pero en tiempos empobrecidos, el “laissez faire” social puede decantar rápidamente en una lógica multisectorial de justicia por mano propia ante cualquier conflicto de intereses intenso.

Las molotov contra Clarín son otra muestra grotesca del “sin querer queriendo” que practica el kirchnerismo. Mientras Capitanich vuelve con su obsesión retro por el control de la opinión mediática y la supuesta TV Pública cede a la nostalgia seis-siete-ochesca, casualmente una banda incendiaria se la agarra con los llamados “medios hegemónicos”. Pura casualidad, en un país que juega a la violencia irresponsable cada vez que se aburre de ganar perdiendo y de perder ganando.

por Silvio Santamarina

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