jueves 5 de agosto de 2021
Perfil

Carnicerías argentinas: Borges, Arlt y Echeverría

PODCASTS | Por Elisa Salzmann | 16 de July 16:00

Para Ricardo Piglia, la literatura argentina comienza con El matadero, de Esteban Echeverría,  ese texto obligatorio de la escuela secundaria. Dice Ricardo que con este texto entran los suburbios a la literatura, los márgenes y las orillas que Borges cultivará ancha y ajenamente. En Fervor de Buenos Aires, su poema “Carnicería” irrumpe en el Barrio de Palermo, detrás de “Un patio”, en una “Caminata” por una “Calle  desconocida”. Esta carnicería está  separada del poema “Rosas” por un solo poema. A veces, en poesía los significados se van desplazando y contaminando, multiplicando sentidos. Dice entonces:

CARNICERÍA

Más vil que un lupanar
la carnicería rubrica como una afrenta la calle.
Sobre el dintel
una ciega cabeza de vaca
preside el aquelarre
de carne charre y mármoles finales
con la remota majestad de un ídolo.
 

Rubricar, deriva de ruber en latín que significa rojo debido a la utilización del minio (que es de color rojo claro) para resaltar partes de un manuscrito. Lupanar, también del latín, donde estaban las lobas y-  por rara extensión - prostíbulo. Aquelarre proviene del vasco akelarre; propiamente 'prado del macho cabrío'. Junta o reunión nocturna de brujos y brujas, con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para sus prácticas mágicas o supersticiosas. Charre podría provenir del vasco y significar basto, tosco, de mal gusto.

En El juguete rabioso de R. Arlt, su protagonista, Silvio Astier camina en algunos tramos de la nouvelle contento por haber conseguido comerciantes a quienes venderles papel (gana tres centavos por kilo de papel vendido) y mira la ciudad con ojos despiertos. Dice así:

“Aquellos almacenes, aquellas carnicerías de arrabal! Un rayo de sol iluminaba en lo oscuro las bestias de carne rojinegra colgadas de ganchos y de sogas junto a los mostradores de estaño. El piso estaba cubierto de aserrín, en el aire flotaba el olor a sebo, enjambres negros de moscas hervían en los trozos de grasa amarilla, y el carnicero impasible aserraba los huesos, machacaba con el dorso del cuchillo las chuletas...y afuera...afuera estaba el cielo de la mañana, quieto y exquisito, dejando caer de su azulidad la infinita dulzura de la primavera.”

Pero luego, a unas cuadras nomás de este recorrido, cansado ya por las mezquindades de los comerciantes al por menor se permite esta reflexión sobre el trabajo de los seres humanos, plusvalía mediante y sin lugar a dudas vigente hasta el día de hoy. “Cómo se explica que un hombre escoja a otro entre muchos, para beneficiarse beneficiándole? No parecerá exagerado decir que entre un individuo y el comerciante se han establecido vínculos materiales y espirituales. relación inconsciente o simulada de ideas económicas, políticas, religiosas y hasta sociales, y que una operación de venta, aunque sea la de un paquete de agujas, salvo perentoria necesidad, eslabona en sí más dificultades que la solución del binomio de Newton.”

Roberto Arlt nació el 7 de abril de 1900 y murió de un paro cardíaco el 26 de julio de 1942. Publicó El juguete rabioso en 1926. Ese mismo año Ricardo Güiraldes publica Don Segundo Sombra y aconseja a Arlt  titular su novela El juguete rabioso en vez de La vida puerca, como había pensado Arlt. En este intercambio entre ambos se cifra la generosidad del amigo, -  Güiraldes- con su secretario, en ese momento Arlt, barriendo cualquier tipo de encasillamiento, a sabiendas ambos de que la literatura es una mercancía tan difícil de alcanzar como una buena achura.

por Elisa Salzmann

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