jueves 5 de agosto de 2021
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Bienvenidos a la faloteca de Carla V

PODCASTS | Por Edi Zunino | 19 de July 12:28

Googleando datos sobre los fabricantes y el uso práctico de los 10.000 penes de madera que quiere comprar el Ministerio de Salud, licitación mediante, me topé con una decena de notas sobre algo único en el mundo: el Museo del Pene, ubicado en el centro histórico de Reykjavík, la capital de Islandia.

También lo llaman Faloteca y, en inglés, Phallogical Museum, porque su fundador, el profesor de Historia Sigurdur Hjartarson, es un fanático de la Falología, que, según él, “es una ciencia antigua que ha recibido, hasta épocas recientes, muy poca atención, salvo como campo de estudio marginal de otras disciplinas como la historia, el arte, la psicología, la literatura y otros campos artísticos como la música o el ballet”.

Ahora, según Hjartarson, “gracias a La Faloteca Islandesa, las personas interesadas pueden, por fin, emprender un estudio serio de manera organizada y científica”. La colección expuesta en el museo contiene 281 especímenes de penes embalsamados o disecados de 92 especies diferentes de mamíferos, incluídas distintas clases de ballenas. Y ya tiene el compromiso de recibir, post mortem, cuatro ejemplares de penes de homo sapiens (que son vecinos de la capital islandesa). Además de la sección biológica, el museo contiene trescientas rarezas artísticas y otros utensilios cotidianos de distintas eras y épocas evocativos del miembro humano.

Si la polémica contratación del ministerio argentino conducido por Carla Vizzotti prospera, deberían donarle un pene de madera al viejo Sigurdur, incluso con el manual de uso educativo que se le piensa dar al objeto en nuestro país. Digo, ya que el tema es educar… Él lo va a agradecer de mil amores. Al profe le encantan el idioma español y la Historia Latinoamericana: tiene un máster de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, y veinte libros traducidos o propios sobre temas históricos de nuestra región.

El tema los penes ministeriales fue furor durante todo el fin de semana en los medios y, sobre todo, en las redes sociales. Por un lado, se generó una especie de competencia por ver quién repetía más veces la palabra pene con justificación política y, de paso, exhibir el modelo del instrumento y viralizarlo hasta el infinito, aprovechando la ocasión, cómo no, para meter algún chascarrillo de discutible gusto. Un pito humano tallado en pino, roble o palo santo vino a corroborar que nuestro nivel de conversación pública sigue siendo bastante infantil. Masivamente infantil. Multitudinariamente infantil. De madera somos nosotros, muchachos.

Casi ni se explicó que esos adminículos pueden ser útiles en los centros de salud, por ejemplo, para explicar a jóvenes o no tanto, cómo se coloca un preservativo, que tan bien puede venir para evitar enfermedades o embarazos indeseados. Tiene sentido seguir instruyendo a la población sobre tan básicas prácticas, sobre todo cuando venimos de un largo debate sobre cómo complementar las nuevas normativas sobre la interrupción legal de los embarazos antes de llegar a la última instancia del aborto. Sigue habiendo grieta sobre el asunto, en un país donde no hace tanto, un obispo de la Iglesia Católica propuso tirar al río con una piedra atada al cuello a un ministro que proponía repartir forros en las escuelas. Hablando del tema con jóvenes en edad estudiantil, noté que los pibes se lo tomaron con más adultez, menos prejuicios y una gran carga de necesidad de información que muchos mayores con acceso a los medios, que es donde se supone que los adultos debatimos las cosas importantes.

De todos modos, llamó la atención la poca solvencia informativa o contundencia con que las autoridades salieron a explicar el tema. Reaccionaron como si se los hubiera pescado in fraganti en algo inconveniente o inoportuno, por falta de timing electoral. Como si lo único que le faltara al Ministerio de Salud del “VacunaVip” fuese una polémica sobre la compra de consoladores con el dinero de los impuestos.

En todo caso, lo polémico, sí, puede ser el gasto justo cuando hay urgencias básicas más desesperantes. La faloteca de Carla V equivale a unos 70.000 litros de leche a precio minorista o a casi 5.000 dosis de la vacuna anti-Covid más barata.

por Edi Zunino

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