miércoles 30 de noviembre de 2022
Perfil

Aniversario Kirchner: el nudo de la identidad perdida

PODCASTS | Por Edi Zunino | 27 de October 12:30

Néstor Kirchner murió el día del último censo nacional de población. Esa muerte y el estado de duelo político que invadió la escena y la entronización de su viuda reelecta con casi el 55% de los votos y la confrontación en blanco y negro que vino después archivaron los resultados de ese último censo y volvimos a pasar por alto la foto más patente de quiénes somos, cómo estamos y qué andaríamos necesitando.

Aunque por otras razones, pasó lo mismo con el penúltimo censo. Fernando de la Rúa debió postergarlo por ineficacia manifiesta para 2001 y en 2001 se hizo, pero estalló el país y ponerse a estudiar el censo hubiese sido como llenar de carpetas el camión de los bomberos. Ahora, el censo 2020 lleva un año de postergado por obvias razones pandémicas y no hay noticias de cómo viene la mano para el año que viene. Insisto: quiénes somos y cómo estamos son las preguntas correctas en busca las respuestas esenciales para saber qué deberíamos hacer.

Uno de los que más saben del tema y que más prestigio tienen por sobre los precipicios electorales es Agustín Salvia, famoso de un lado y del otro de la “grieta” por las incómodas pero certeras mediciones de pobreza del Observatorio de la Deuda Social Argentina que él dirige dentro de la Universidad Católica. Salvia me dice que “desde el primero que impulsó Sarmiento en los 80 del Siglo XIX, el censo tiene un sentido estratégico”. Me explica que “de acuerdo a lo que somos, podemos ser hacia adelante”. Y que “con un adecuado diagnóstico de eso que somos y cómo somos y cómo vivimos, podemos fijar prioridades y, sobre esto, implementar políticas de largo plazo”.

En la Argentina sólo tenemos encuestas urbanas y parciales, me dice Salvia, por lo cual el censo resulta clave para tener “una acabada muestra de la distribución de la población, de su composición, de sus capacidades culturales, sociales, económicas y para proyectarnos”. Le pregunto si, ahora que se habla cada vez más seguido de que se viene un diálogo grande o algo así, no sería importante tener los resultados de un nuevo censo en la mano. Y me dice que sí, que debería ser la base para un plan de gobierno, pero sobre todo para un conjunto de políticas de Estado que superen los tiempos de los gobiernos. Me dice que debería ser “el marco de un pacto de gobernabilidad que, en efecto, enfrente los problemas estructurales que tienen el desarrollo humano, la integración social y la integración regional de la Argentina, que son tres aspectos en los que venimos fracasando sistemáticamente”. Me dice que “para crecer más, hacen falta mayor educación, mayor inversión en capital social y mayor promoción de infraestructura sobre todo en los grupos más pobres, que son los habitacionalmente más concentrados”. Y resalta que “necesitamos enfrentar la dinámica de la metropolización”, es decir, de la híper concentración humana en grandes zonas urbanas que siguen creciendo “hacia terceros o cuartos cordones”. Según Agustín Salvia, “el censo es un instrumento extraordinario de construcción política”.

Cuando me dijo lo del límite que tienen las encuestas en nuestro país, me quedé pensando en el sorpresón que oficialistas, opositores y público en general nos llevamos en las últimas PASO. Entonces le pregunté si el próximo censo podría depararnos sorpresas todavía más grandes. Salvia no sabe si el censo traerá grandes sorpresas, pero sí descuenta que “nos va a aportar evidencias mucho mayores sobre el fuerte deterioro experimentado en los grandes conurbanos, sobre todo en el AMBA pero no sólo en el AMBA”. Se refiere a su continuada expansión y al deterioro de los terceros y cuartos cordones, que son nuevas zonas de frontera entre lo rural y lo urbano medio libradas a la buena de Dios y donde se consolidan verdaderos ghetos sociales y culturales, alrededor de lo que en las noticias suele resumirse bajo la fórmula “tomas de tierras”.

Como contracara, Salvia también observa otro fenómeno que un nuevo censo debería ayudarnos a descifrar mejor y profundizar: “Se están desarrollando nuevas ruralidades en pueblos de baja densidad de población, con sectores medios y medios-bajos que han migrado y apuntan a la construcción de un nuevo porvenir espacios de mayor seguridad o contención, aunque tengan menos dinamismo económico. Ahí vamos a encontrar poblaciones particularmente jóvenes”.

Claro que su especialidad es la que más alarmas le permite prender: hay un alto porcentaje creciente de población pobre. “Veremos amuchamientos más grandes y empobrecimientos más grandes en materia de servicios y capacidades educativas y laborales. Esta es una Argentina que choca con la de los 70 o incluso los 80, integrada socialmente, que volaron por el aire y se va a corroborar en el próximo censo con absoluta crudeza. La reducción de las clases medias es la tendencia que se volvió imparable y debería inspirar un debate político genuino”.

Por ahí me estoy volviendo un resignado. Pero a falta de ideas y grandezas, tal vez deberíamos conformarnos con un buen censo. Y darle bola. Porque, seguro, ahí está nuestra identidad perdida entre las eternas emergencias de cada día a día.

por Edi Zunino

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