domingo 29 de enero de 2023
Perfil

Aníbal Fernández tiene lo que no tenía Sabina Frederic, ¿pero es lo que necesita el Presidente? 

PODCASTS | Por Edi Zunino | 01 de October 11:46

Aníbal Fernández volvió al gabinete nacional con un armamento 17 veces más poderoso que el exhibido por su antecesora, Sabina Frederic, en 20 meses de gestión al frente del Ministerio de Seguridad: el quilmeño tiene un millón y medio de seguidores en Twitter; la antropóloga lomense, apenas 90 mil.
No es un chiste lo que digo.

Estoy hablando de munición mediática, de adiestramiento para el combate virtual cuerpo a cuerpo sin preguntar cuántos son, sino que vayan saliendo. Porque la política moderna se trata de una tensión permanente entre las eventuales impotencias de gestión y los deseables logros de comunicación. Más aún en países pobres como el nuestro. Es una lucha constante para extraer las fotos más espectaculares de una película que es lamentablemente tediosa. Todos sabemos de memoria ya que la película de la inseguridad en la Argentina, sobre todo en sus principales nudos urbanos, es de terror. Bueno: Aníbal garantiza, por lo menos, pochoclo picante.

No estoy diciendo, para nada, que mandar 575 gendarmes a Rosario ahora y completar el envío de 1.500 de acá a marzo como eje central del lanzamiento de la Gestión Aníbal sea ficción. Digo que ya se saturó de agentes federales el Gran Rosario y también el Gran Buenos Aires, y después se los desaturó y se los volvió a saturar y así estamos. Digo que es dificilísimo que la seguridad vuelva a reinar con Aníbal F cuando es uno de los más enormes fracasos de nuestra democracia, con la que se come mal, se cura más o menos y se educa poquito y, entonces, la salida es estructuralmente violenta. Un país con el 60% de los jóvenes afuera del sistema es un territorio donde robar, vender droga o matar no pasa por una cuestión moral. O peor: los narcos no tienen sólo plata y armas, también construyen su propia moral y su propia épica en los pasillos de las villas y los monoblocks.

Claro que, en la emergencia (porque acá siempre estamos en emergencia), tener listos 575 “tira tiros” que “no van de excusión al Monumento a la Bandera”, suena por lo menos más ambicioso que la nada misma que parecía ofrecer Frederic al punto de requerir una discusión por día con Sergio Berni, como para demostrar que en el kirchnerismo también había algo de acción.
Por lo bajo, Aníbal Fernández le agradece a su intelectual antecesora el haber limado asperezas con las cuatro fuerzas federales, sobre todo con la Gendarmería, que había quedado tan asociada a Patricia Bullrich. Si algún efecto concreto tuvo hasta hoy la causa sobre el presunto contrabando de pertrechos represivos a Bolivia, fue una purga y un consiguiente disciplinamiento en las alturas de la fuerza que más combatió a los mapuches en la Era Macri y más hizo por darle sustento a la teoría de que el fiscal Alberto Nisman fue asesinado (bandera electoral se las hubo).

Aníbal Fernández sabe muy bien que, con decisión y suerte, resolver Rosario y el GBA y demás es cuestión de años. Acaso de décadas, a esta altura. Y también sabe que puede ser catastrófico discutir la inseguridad desde el oficialismo en una campaña electoral y peor, tal vez, en ésta. Pero su manera de pensar es hija del “peor es nada”.
La oposición y el sector del periodismo que la sigue suponen que las demoras en el traslado de los 575 efectivos a Rosario no se sustentan en razones logísticas, sino políticas. Es decir, que se estaría preparando una especie de “desembarco de Normandía electoral” para levantar el ánimo peronista de los santafesinos, porque Santa Fe es uno de los grandes distritos donde se podría revertir, aunque sea en alguna medida, el terremoto de las PASO. Puede que tengan razón. De todos modos, ¿alguien irá a abuchear a los gendarmes.

El problema del Gobierno es que, si estas cosas se podían hacer, por qué no se hicieron antes. El problema de la oposición es que lo suyo, ahora, no pasa por el hacer y quedarse cuestionando acciones mal que mal esperadas puede hacerlos caer en una trampa fatal.

Ayer, Alberto y Cristina Fernández actuaron las paces en la Casa Rosada. Hoy, el otro Fernández amaneció en combate. Combate verbal, digo, por supuesto.

por Edi Zunino

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