Moscú en 1918 (Patsvu)
El 12 de marzo de 1918 Moscú reemplazó a San Petersburgo como capital de Rusia
El cambio fue una de las consecuencias de la Revolución de 1917, de la caída del Zarismo y de la posterior creación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.
Este cambio fue una de las consecuencias de la Revolución de 1917, de la caída del Zarismo y de la posterior creación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.
En el siglo XVI, el Príncipe Iván -más conocido como Iván el Terrible- fue el primero en establecer el Zarismo como forma de gobierno, por los que fue considerado el creador del Estado ruso.
A mediados del siguiente siglo, fue elegido zar Miguel Romanov, conformando una dinastía que gobernó Rusia hasta la revolución de 1917.
Su sucesor, Pedro “el Grande” – apodado de esta forma porque su altura superaba los dos metros- se destacó por sacar a Rusia del oscurantismo religioso medieval y de llevarla a la modernidad incorporándola a Europa, aunque utilizando métodos despóticos.
En 1703 los rusos conquistaron Nyen y quince días después, Pedro “el Grande” fundó oficialmente, aguas abajo del río Neva, la ciudad de San Petersburgo, la nueva capital.
A principios del siglo XIX, Rusia participó de la coalición europea contra Francia, derrotando a Napoleón en tierras del zarismo debido, en parte, a la falta de comida y al clima extremadamente frío de Rusia.
Ya entrado el siglo XX, el intento de expansión zarista sobre Manchuria, condujo a la guerra con el Japón y a la primera revolución rusa de 1905, que obligó al zar Nicolás II a conceder la primera constitución y a establecer un parlamento, la Duma.
La rivalidad entre Rusia y Austria en los Balcanes contribuyó al estallido de la Primera Guerra Mundial, en la que el régimen zarista luchó junto a Gran Bretaña y Francia.
Durante el enfrentamiento, Rusia movilizó 15 millones de hombres, de los que a finales de 1916, casi la mitad habían resultado muertos, heridos de gravedad o prisioneros de guerra.
En febrero de 1917, se realizaron masivas movilizaciones generadas fundamentalmente por el descontento, la pobreza y la crisis de autoridad que se había agravado con la llamada Gran Guerra, al punto tal de obligar al Zar a renunciar.
Inmediatamente, Lenin regresó a Rusia siendo recibido en la estación de trenes de Petrogrado como un héroe por obreros y soldados.
El 25 de octubre, encabezó junto a León Trotski el derrocamiento definitivo del gobierno y la toma del poder por parte de los bolcheviques.
Las decisiones estatales, que en un principio se establecieron en el sóviet de Petrogrado, pasaron a centralizarse en la nueva capital, Moscú por lo que Lenin no tardó en trasladarse al Kremlin.
La caída de Nicolás II no sólo implicó el fin de un gobierno o el punto final a una dinastía, sino la culminación de una forma de organización social, el zarismo, y su reemplazo por otra nunca antes vista y que marcó todo el siglo XX.
La historia también es noticia en Radio Perfil. Texto de Javier Pasaragua y locución de Pita Fortín.
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