lunes 27 de junio de 2022
Perfil

Ricardo López Murphy: "Si cambiáramos el diseño en nuestro régimen fiscal y monetario, no tendriamos inflación"

PODCASTS | Por Jorge Fontevecchia | 28 de March 15:32

El diputado nacional y economista liberal ortodoxo configura un futuro de reformas imprescindibles y profundas para el crecimiento de la Argentina, en un contexto de reconfiguración internacional, con una mirada optimista sobre las posibilidades de expansión económica y capital humano del país, en un posible nuevo orden mundial.

El tema que hoy atraviesa todo es la inflación. Cuando entrevisté a Alberto Fernández en diciembre le pregunté: “¿No sería más didáctico decirle a la soecidad: dado que no nos podemos poner de acuerdo en qué gastos reducir, en qué impuestos agregar y que nadie nos presta, no nos queda otra alternativa que emitir para financiar el deficit que tenemos?”. ¿Es la inflación consecuencia de que no nos ponemos de acuerdo y, finalmente, algo autoproducido por todos?
Por el gobierno principalmente, porque cuando usted es elegido tiene la responsabilidad tanto de liderar la gestión fiscal como la monetaria. A largo plazo, como va a través de varios gobiernos, llevamos casi ochenta años de inflación, es un problema de diseño del régimen fiscal y monetario. Siempre recuerdo a Carlos Pellegrini cuando, en 1890, hace la caja de conversión, que luego se instrumenta bajo la segunda presidencia de Roca, eso nos dio 55 años de estabilidad. Entre 1891 y 1945, Argentina tuvo menos inflación que Estados Unidos y creció más. Si cambiáramos el diseño en nuestro régimen fiscal y monetario, no tendríamos inflación. Digamos Italia y España, que tenían mucha más inflación que Alemania, convergieron a la inflación alemana cuando surge el euro. El tema es un problema de diseño de las instituciones fiscales y monetarias, y no solo monetarias, porque en última instancia un fisco, como usted bien señalaba, desbordado, termina rompiendo el orden monetario. 

En 2001, siendo ministro de Economía antes de Cavallo, usted anticipó la crisis que luego iba a suceder en 2002, cuando se produce la devaluación y el dólar pasa de 1 a 4 y el desempleo, que había llegado al 25%, al licuarse los salarios sin paritarias hace compatible actividades que había cerrado generando nuevos puestos de trabajo que finalmente lo redujeron al 8%. ¿Se podría decir que Duhalde, consciente o inconscientemente, bajó el sueldo a los que tenían trabajo en empresas eficientes a la mitad y creó trabajo para personas que durante el sistema de convertibilidad, con sueldos altos en dólares, no podrían tenerlo? ¿Que no tener inflación en la Argentina actual implica tener más desocupación?
Había problemas que venían del propio régimen. Durante esos años tuvimos mucho menos déficit que en nuestra historia previa, pero no lo suficiente para un régimen tan exigente como la caja de conversión; hubo una corrección pero insuficiente. También, y fue el factor decisivo, tuvimos un shock externo terrible. Cuando los precios de las commodities bajan mucho y viene la ronda, disminuye la capacidad de pago de Argentina a propios y extraños, pero sobre todo a sus asalariados y el gasto público. Cuando pasa eso, viene el segundo shock, que es Brasil, que tiene la misma estructura que nosotros y los vecinos. Y eso se combina con una crisis de financiamiento, porque, al ver las dificultades, se retira el financiamiento. En general, eso es difícil de resistir. Por eso siempre sostuve que Argentina necesitaba una disciplina asombrosa. Recordará que siempre digo que mi ministro ídolo fue Víctor Molina, ministro de Alvear, que volvió a la convertibilidad. Eso a veces se pierde a la distancia. Pero fue muy significativo, como Hipólito Yrigoyen, que fue el que hizo el ajuste más severo de la historia argentina. No porque le gustaba, sino porque nuestra estructura impositiva dependía de los aranceles aduaneros. La guerra nos cerró las exportaciones y hubo que reducir el gasto de una manera muy drástica. Pero bajo el presidente Alvear, el ministro Molina logró volver a la convertibilidad de los precios previa a la guerra, cosa que no lograron hacer ni el Reino Unido ni Francia. Importa mucho en la cultura de la sociedad que usted valore la estabilidad de la moneda. Durante todo ese tiempo la sociedad argentina le prestaba una enorme atención a eso y en la cultura nuestra, me refería a lo de Duhalde, paga mucho hacer el truco, en el sentido de que está tolerado. Europa, en situaciones aún más difíciles que la nuestra, los problemas de España y Portugal, de Irlanda, el de Grecia, era más severa que los nuestros al fin de la convertibilidad; ninguno de ellos salió de la convertibilidad. Hicieron las correcciones para mantenerse dentro del euro y creo yo que no solo son instituciones, sino también, como dice usted, es una cuestión de valores culturales, está en la psicología de la sociedad que entrar en crisis inflacionarias lo va llevando por una pendiente de descontrol, como le ha ocurrido a la sociedad argentina.

La pregunta es si culturalmente una parte significativa de Argentina no prefiere una inflación alta antes que los remedios que son necesarios para que la inflación no se produzca. ¿Qué le pasaría a un candidato a presidente que con honestidad dijera: “Si quisiéramos que no hubiera inflación –con un régimen comparable con la convertibilidad, una moneda común con Brasil o cualquiera de las alternativas que implicara reducir el déficit fiscal y no poder financiarse con emisión–, habría que reducir los planes sociales, parte de las jubilaciones y los subsidios”? ¿Qué pasaría con el plus del 20% de los argentinos que no son competitivos en el mercado? 
Ojalá ese fuera el problema, porque ese problema existe en todas las sociedades, el crecimiento en las sociedades modernas es desigual, no es armónico. El cambio tecnológico, la modernización, produce un sector que se adelanta y luego el resto va acercándose. Y en la medida en que se generalizan el capital humano y la aptitud, la sociedad se va volviendo más igualitaria, como pasa en los países del este asiático, en los países nórdicos o en los países europeos. Pero en general, cada innovación produce una distribución, un rezago en una parte de la sociedad. Eso sabemos cómo corregirlo. Lo que es más complejo de corregir, a mi criterio en la Argentina, es una cantidad inmensa de privilegios, de escándalos. Por ejemplo, que la vicepresidenta cobre cien veces una pensión mínima. Cuál es la lógica de hacer una cosa tan escandalosa, tan grosera, tan lacerante en una sociedad con tanto dolor. Forma parte de esa impunidad para las barbaridades. 

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil FM 101.9.

por Jorge Fontevecchia

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