jueves 21 de octubre de 2021
Perfil

Pito K-talán

PODCASTS | Por Edi Zunino | 12 de October 11:04

El secreto mejor guardado es cuánto cobra por sus servicios. Lo único seguro es que no factura en pesos. Euros o dólares, no hay tercera opción. Criptomonedas abstenerse. El catalán Antoni Gutiérrez-Rubí es la última muestra viviente de que para saber qué cuernos quiere la sociedad argentina cuando se trata de ir a las urnas hay que contratar a un gurú extranjero. A éste le pusieron oficina en el Centro Cultural C, donde funciona el búnker de campaña oficialista. Ahí nomás de Chacarita. La oposición desea con toda su alma que, más que un dato del GPS, lo de “muy cerca de Chacarita” sea una metáfora.
Antoni ya estuvo con Cristina en 2017 y con Massa desde 2018. Ahora, después de la Cancha Rayada de las PASO habla con ellos dos y con Máximo y con Alberto y con Axel y con Insaurralde. La primera misión de Antoni fue levantarles el ánimo. Ayudarlos a que den vuelta rápido la página. Y persuadirlos de que una lluvia de billetes no alcanza, por más necesaria que sea. De que una elección es un tema básicamente de actitud.
Para ubicar al personaje: vendría a ser una mezcla de Jaime Durán Barba y Facundo Manes. Hablamos de un sesentón europeo formado en la post ideología, en el reverdecer de los nacionalismos y los regionalismos, y en la sublimación de la emocionalidad como concepto político de masas. Suena medio macrista todo. Y de algún modo lo es. Macri ha sido un milagro electoral. Bueno: un milagro electoral es lo que busca la comandancia del automagullado Frente de Todos.    
Déjenme que les lea unos conceptos de Gutiérrez-Rubí para saber qué tiene en la cabeza este catalán convencido de que los dogmas del Siglo XX necesitan ser reemplazados por una filosofía que incorpore los aprendizajes sociales y proyecciones psicológicas surgidos del uso intensivo de las redes sociales durante ya casi dos décadas.
Leo, entonces:
“Estoy convencido de que los tristes no ganan elecciones. Ni son capaces de liderar emociones positivas (sin la cuales no hay proyectos, ni comunidad, ni esperanza). Tampoco la tristeza puede seducir ni infundir ánimos colectivos. Los que creen que es posible un proyecto político transformador y progresista desde la cultura de lo pésimo, de lo trágico, de lo feo, de lo serio, de lo adusto, de lo severo… no se dan cuenta de que el concepto “cuanto peor, mejor” es el núcleo psicológico y cultural de los pensamientos autoritarios, que ceban el desánimo y la desazón, para canalizarla como rabia agresiva… y amenazante. La tristeza se da la mano con el aburrimiento, la fatalidad, el nihilismo. No comunica esperanza. No propongo la trivialidad, en absoluto -dice Antoni-, tampoco reivindico la superficialidad de la sonrisa hueca, del gesto artificial, de la pose previsible, acartonada. Reclamo una renovada mirada política y comunicativa a lo lúdico y festivo como la conexión emocional y ambiental de las fuerzas del cambio y del progreso. Su vinculación con el ánimo y la inteligencia ya están fuera de toda duda científica y sociológica. Aún se resiste una parte de la política formal… que ve su ceño fruncido amenazado por la sonrisa contagiosa de una política más desinhibida, fresca y dinámica. En muchos casos, representada por la creciente feminización de la política. La política que gana (convence y seduce) contagia ilusión. Y el ánimo es energía movilizadora. Los retos y problemas del mundo (con la crisis económica-financiera, medioambiental y política) que dejan a millones de personas en la precariedad, la miseria o en el umbral de la muerte es algo muy, muy serio. Ciertamente. Pero lo enorme (por abrumador y devastador que parezca) debe ser combatido con inteligencia y determinación. Mejor será que lo hagamos con ilusión cautivadora… o nuestra tristeza emocional, combinada con nuestro aburrimiento intelectual nos alejará –definitivamente- de la fuerza emergente que quiere cambiar el mundo”.
En esta visión reivindicativa de lo lúdico se basa la campaña del “Sí” lanzada por el Gobierno este fin de semana. Sin candidatos aburridos. Con gente diversa, esperanzada y que incluso le dice que “Sí” a cosas que los oficialistas le han dicho que “No” durante un eterno año y medio. El secreto del “Sí”, “Sí”, “Sí” radica en decirnos todo aquello que el neo marketing político supone que deberíamos querer escuchar. Algo así como: si regalar plata no alcanza, también démosles la razón.
De repente, todos los referentes del FdT repiten “Sí”, “Sí”, “Sí” como los predicadores evangélicos que inspiraron el nacimiento del PRO y Juntos por el Cambio. Dice Gutiérrez-Rubí:
“Muchas veces, en los proyectos de comunicación política, la repetición de marcos mentales, ideas, metáforas y conceptos es una tarea tediosa y, hasta cierto punto, monótona. Los candidatos y candidatas se agotan, los equipos dudan, las acciones languidecen. Es aburrido —y negativo— para quien cree que se trata de repetir una consigna, para quien confunde repetir con persistir, sin variación, sin adaptación al momento, a la atmósfera, al interlocutor o contexto. Pero mi intención es poner el foco en otro tipo de repeticiones, las que logran con precisión milimétrica apuntar al centro exacto de un enfoque estratégico. (…) En los procesos electorales, gana quien gana la narración íntima y pública del elector. Encontrar la arquitectura de palabras que permita expresar y conectar con sus emociones, sus intereses y sus ideas, con un grupo escogido de conceptos y de figuras simbólicas asociadas. Y repetir, repetir, repetir. Que no se trata de decir siempre lo mismo, la misma idea”.
La oposición asegura que el Gobierno ha montado un gran engaño para este tramo de la campaña, donde quiere revertir el mal trago de septiembre como sea. Con la misma lógica de los predicadores posmodernos, yo me preguntaría si no le estarán haciendo pito catalán al destino.

por Edi Zunino

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