sábado 25 de junio de 2022
Perfil

Perón y Evita esperan a Máximo Kirchner… sin cabezas

PODCASTS | Por Edi Zunino | 14 de December 12:23

Máximo Kirchner finalmente logró que le den el gusto y el sábado que viene va a asumir la presidencia del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires. Lo va a hacer en la histórica Quinta de San Vicente, donde hace 15 años su papá no logró establecer pacíficamente un santuario de Perón y Evita donde descansen en paz sus cadáveres embalsamados y mutilados. Cómo olvidar el tumulto en que terminó todo el 17 de octubre de 2006, cuando los barrabravas de los camioneros moyanistas y los albañiles medinistas se trenzaron a los tiros en un espectáculo súper Siglo XX.

Se sabe que a Perón le robaron las manos de la tumba en La Recoleta y así, sin manos, pero también sin cabeza, está la estatua que se ve apenas ingresando a la Quinta. Al lado está Evita, también decapitada, aunque le quedaron las manos para sostener un ejemplar de la Constitución de 1949, que, según cuenta la leyenda, Perón escribió de puño y letra bajo la sombra de dos árboles de alcanfor que huelen bien y ahuyentan los mosquitos. Son de mármol de Carrara las estatuas talladas por el escultor italiano Leone Tommasi, que tenía la misión de integrarlas a un Monumento al Descamisado que nunca llegó a hacerse.

Así está, digamos, el Partido Justicialista que va a conducir Máximo Kirchner como para afianzarse al territorio bonaerense, donde se resume el país y se ganan las elecciones… Borroso, quiero decir, está este PJ que ya ni Eduardo Duhalde reclama para sí, gaseoso en una mística necrofílica, victimizado por los profanadores de tumbas y agujereado por las violencias propias. 
Es tradición poner al peronista que gobierna al frente del partido, como se ha hecho con todos los presidentes y con Alberto Fernández ahora. Máximo, entonces, vendría a representar la excepcionalidad kirchnerista, porque el gobernador provincial es Axel Kicillof: en lo funcional, él es la cabeza del bloque de diputados nacionales y conduce una facción a la que muchos peronistas no quieren nada, como es La Cámpora, pero ser hijo de La Jefa sigue siendo su principal activo, por más que pueda sonar demasiado a título nobiliario.
El de Cristina y Máximo es un peronismo heterodoxo y ecléctico, a veces sobreactuado y en general con más rasgos de la clase media/media alta que cuestionan que de la raigambre nacional y popular que reivindican. Esos modales presuntamente ideologizados suelen servirles de excusa para ser criticados estéticamente a los principales competidores territoriales que tienen dentro del propio peronismo, en los gremios y los movimientos sociales.

No deja de generar intriga cómo será el acto de asunción de honores en el monumento al peronismo por antonomasia, si “reventarán” la quinta, si estará la plana mayor completa del Frente de Todos, si dirán ¡presente! todos los intendentes, si Alberto Fernández tendrá un papel relevante. Por lo pronto, se ve que el peronismo en todas sus versiones oficialistas decidió dedicar este fin de año plantar banderas, alzar tribunas y mover gente. Cada cual por su lado, pero sin perder la cabeza.

por Edi Zunino

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