sábado 18 de septiembre de 2021
Perfil

Periodistas en el barro | Caso Leuco: medios, grieta y vergüenza

PODCASTS | Por Edi Zunino | 26 de July 15:23

Rompió las redes la polémica entre Reynaldo Sietecase y Ernesto Temembaum por un lado y Alfredo Leuco, por el otro. El rosarino y el porteño abrieron fuego al cuestionar la enorme cantidad de adjetivos que es capaz de meter por párrafo el cordobés para señalar su anti kirchnerismo furioso. Estoy seguro de que a Leuco no le molestó tanto eso como que le echaran en cara que jugar en el extremo sólo le otorga “dos o tres puntitos” de rating, pero la cuestión es que les agradeció con ironía que le “enseñen cómo hacer buen periodismo y no decir cualquier barbaridad, y remató sin sutileza que estamos viviendo un flagrante “cristinato” y los llamó “kirchneristas vergonzantes” por no condenarlo.

Según mi registro histórico –permítanme que llame así a mi libro “Periodistas en el barro”- la última vez que Leuco discutió tan fuerte sobre temas de democracia y dictadura con otro periodista fue también de contragolpe y hace como 18 años, finalizando el 2003, cuando Magdalena Ruiz Guiñazú cuestionó que Néstor Kirchner asistiera a la fiesta de lanzamiento de la Radio del Plata de Marcelo Tinelli y Cristóbal López, donde al dueño de la marca “Le doy mi palabra” le habían dado la conducción de la primera mañana. Lo menos que le dijo a Magdalena fue que había sido tibiecita-tibiecita con Videla y sus secuaces, argumento que no mucho después tomaron los K para hacerle una especie de juicio popular a la misma Ruiz Guiñazú y a otros, entre los cuales ya estaba el mismo Leuco.

Es curiosa esa parábola, que Alfredo no transitó solo y podría tener como contracara en sentido inverso a Víctor Hugo Morales, que una mañana pasó de ser uno de los periodistas más críticos del kirchnerismo a convertirse en el más efusivo relator del relato K. Claro que en caso de Víctor Hugo fue crucial de decisión de los K de pelearse con Clarín. El odio al grupo mediático que nunca quiso contratarlo es un tema más que ideológico para el uruguayo.

Y si hablamos de odio, suele ser, en muchos casos, la puerta de salida del amor. Amor y odio son pura sustancia pasional. Y nada como las pasiones pueden nublar la ideas. Sumemos, en el caso de Leuco, que mientras iba modificando sus posturas frente al kirchnerismo, tuvo un par de episodios de violencia física que lo clavaron a la vereda de enfrente.

Yo no creo que un periodista deba ser desapasionado. Para nada. El asunto es dónde se coloca la pasión. Encima, la biblioteca periodística está dividida entre quienes no tienen problema de enfrentar a su propia audiencia con lo que podríamos llamar “verdades incómodas” y quienes piensan que la audiencia es sagrada en el sentido de que contrariarla es mal negocio. 

Luego viene el microclima. Si en una empresa periodística todos profesan una misma tendencia por convicción, por apasionamiento, por demagogia con la hinchada o lo que sea, ese partidismo termina convirtiéndose en una zona de confort tan difícil de corregir como que “equipo que gana no se cambia”.

No voy a esquivar el bulto negando que me siento más identificado con el estilo de Tenembaum y Sietecase. Y me ayuda mucho a eso que se los considere “kirchneristas vergonzantes” por tratar de no comerse que todo el mal está de un lado y todo el bien del lado que se le opone al malo perfecto. Discutir con datos y argumentos si estamos viviendo o no una dictadura es un tema tan profundo y trascendente que merecería un diagnóstico lo más consensuado posible. Pero el debate de ideas se frivoliza y se anula cuando el que piensa distinto es el más indigno y tramposo de los enemigos, porque le da vergüenza asumirlo.

por Edi Zunino

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