miércoles 5 de octubre de 2022
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Mayra Arena: "Los niños reciben toda la violencia de la crisis económica en sus espaldas"

PODCASTS | Por Jorge Fontevecchia | 10 de February 15:55

A partir de su recordada intervención en las charlas TED se transformó en lo que ella llama, un poco en broma y bastante en serio, una “pobretóloga”. Desde ese punto de vista analiza al oficialismo, la oposición y los movimientos sociales. Considera que debe imponerse la educación formal a los niños y los presos. Y señala que la desnutrición infantil y la cantidad de suicidios de hombres son dos temas que no se tocan con la seriedad debida.

En tu cuenta de Instagram hay una foto en la que se te ve con el dirigente Pablo Ayala. Ahí explicás que “Pablo es mi amigo, me buscó cuando me bancaban tres personas. Es una de las personas que más sabe de historia del peronismo. Posiblemente, si hubiéramos sido jóvenes hace algunas décadas, él hubiera estado cerca de Montoneros y yo de José Ignacio Rucci o de la JP Lealtad o andá a saber. Pero me gusta imaginarme esas cosas. Por suerte, la vida nos cruzó ahora, donde además de las pocas diferencias que nos separan hay muchas más coincidencias. En las usinas de intelectuales están la izquierda y la derecha, pero en el medio está nuestro pueblo, que es lo único que importa, me dice Pablo”. ¿Cómo podrías explicar los matices entre esas ideas de los 70 y su reflejo en el hoy?
Cuando se revisa la historia, a uno le gusta creer que hubiera estado del lado de los que ahora ve como los que tenían razón, de los más acertados. No significa que piense eso necesariamente de Rucci, el gremialista que estuvo junto a Perón hasta que murió. Pero sí en mi juventud me hubiera sentido atraída por esa antiintelectualidad. No lo comparto hoy en día, pero cuando era joven sí, por mis resentimientos, por estar tan fuera del sistema. Creía que los intelectuales tienen un divorcio con la realidad o no la leen con la dureza que la Argentina tiene en todas sus áreas. 

¿Fuiste cambiando de opinión respecto de lo intelectual y lo antiintelectual? 
Sí. De hecho, lo que hago es una suerte de intelectualidad, aunque no me interese tener ese cartel. 

¿Cómo se dio ese proceso? ¿Qué fue lo que te llevó a cambiar la mirada? 
De muy chica, no iba nunca a la escuela. Lo conté hasta el cansancio. Un día o dos iba mi hermana a la escuela y un día yo, porque teníamos una sola campera buena. Soy de Bahía Blanca, una de las ciudades más frías del país. Cuando tuve que dejar a los 12 años la escuela, me enojé mucho con el sistema. Cuando tuve que buscar trabajo a los 14 o 15 años, ya habiendo tenido familia, a mi hijo, Joaquín, me enojé todavía más. Mis ganas de trabajar, mis ganas de salir adelante, de buscar trabajo todos los días, no importaban porque era adolescente, y los adolescentes necesitados prácticamente no existen para el sistema. De alguna manera, me sentía más capaz que los que sí habían estudiado. Fue aquella soberbia de cuando uno tiene ciertos sueños: siente que merece más las cosas que otros. En esa rebeldía me sentí atraída por una antiintelectualidad. En ese momento no pensaba en estudiar. Renegaba muchísimo de todo. Cuando pasaron los años, a los 16, conseguí un buen trabajo, con unos patrones que me metieron en la cabeza la idea de estudiar. 

Contaste que te hacían leer y que trabajabas en su casa. 
Trabajaba varias horas, 12 en realidad. De alguna manera, me obligaban a leer. Me preguntaban qué pensaba, me tomaban examen todo el tiempo. Yo había mentido al entrar a ese trabajo.

Decías que eras más grande. 
Que era más grande y que tenía el secundario casi completo, que me faltaban tres materias, una mentira que dije durante muchos años para zafar de los papeles legales. Pero ellos me invitaban a estudiar, animándome desde el cariño y la autoestima. Aquello de “sos inteligente, vas a poder”. La autoestima es una de las cosas que más intento trabajar con los adolescentes con los que me cruzo. Detrás del resentimiento y la bronca hacia el que tiene puede haber una sensación de no merecerlo, de no poder o no ser capaz, oculta en la soberbia. Aquello que se encierra en el “a mí no me importa”.

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil FM 101.9.

por Jorge Fontevecchia

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