En toda comunicación puede haber mensajes que cierran puertas, que generan bloqueos. Esos pueden ser obstáculos en la comunicación.
¿Te has preguntado?
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¿Por qué Juan reaccionó de tal manera?
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¿Por qué María dejó de saludar?
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¿Por qué Sofía se cierra en sí misma?
Y tal vez, pocas veces te preguntas: ¿qué hice para obtener esa respuesta?
Para ello, el doctor Thomas Gordon plantea doce obstáculos:
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Dar órdenes.
“¡Arregla tu cuarto!”
El mensaje implícito es: importa lo que uno necesita, no se tiene en cuenta al otro.
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Advertir amenazando.
“Si me vuelves a tratar así te dejo.”
Las amenazas generan hostilidad.
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Sermonear.
“No deberías actuar de ese modo, por ya ser un profesional.”
Cuando le decimos lo que debería hacer, provocamos más resistencia y deseos de defenderse.
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Aconsejar, ofrecer soluciones.
“Lo que tienes que hacer es ponerte a trabajar.”
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Enseñar, dar argumentos lógicos.
“Si aprendes a ser responsable en casa, después serás un adulto responsable.”
Suena como una sentencia académica, desde un lugar de superioridad: “Tú no sabes, yo te tengo que enseñar” lo que lleva al otro a cerrarse a lo que queremos transmitirle.
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Juzgar, criticar.
“Estás completamente equivocado. Eres un desastre.”
Le hacemos sentir inferior, indigno; además, una crítica negativa provoca otra crítica como defensa.
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Elogiar.
Con un juicio inadecuado que no corresponda a la realidad del otro.
“Eres muy inteligente, te va a ir bien en el examen.” Esto hace que no se sienta comprendido, si ya fue reprobado tres veces.
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Poner apodos, ridiculizar.
“Eres un linyera, así nadie va a querer estar contigo.”
Al rotularlo, la respuesta más frecuente es responder atacando.
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Interpretar, analizar.
“Lo que está buscando es llamar la atención. Te sientes asñi porque estás celosa de tu hermana.”
Los diagnósticos, cuando son ciertos, revelan la intimidad y eso incomoda; cuando son equivocados, acusan injustamente.
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Tranquilizar, consolar.
“No tengas miedo, no duele.”
Por tratar de lograr que se sienta mejor, negamos la verdad de lo que siente.
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Interrogar, poner en duda, averiguar.
“Y tú, ¿habrás hecho todo lo que corresponde?”
Genera desconfianza, sospecha, duda.
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Apartar, distraer, responder con sarcasmo.
“!Ufa! ¡Siempre con lo mismo! Olvídate, hablemos de algo más agradable.”
Minimizamos el mensaje que trae, lo desvalorizamos, no le mostramos interés.
Una frase de regalo:
Tengo en cuenta tus necesidades y también las mías,
Cuido de ti, teniéndote en cuenta cuido de mí teniéndome en cuenta.
Y para conservar la relación, encontremos una solución donde todos ganemos sin que nadie pierda.
Un gran ejercicio es hacer preguntas, ejercitar la escucha activa, sin juicio mental y tener en cuenta las necesidades de la otra persona, sin descuidar las necesidades propias. A empatizar y mejorar este gran recurso!
Te deseo tengas una muy buena semana!

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