martes 15 de junio de 2021
Perfil

Juan Carlos Botero y Ernest Hemingway, epífanos

PODCASTS | Por Elisa Salzmann | 14 de May 19:00

Juan Carlos Botero, el hijo de Fernando Botero, el artista de las peras y parejas magníficas entre tantas obras paradigmáticas, es escritor. Juan Carlos Botero estudió en Bogotá, y luego tomó cursos en los Estados Unidos. En 1986 le fue otorgado el premio Juan Rulfo por el libro de cuentos El encuentro y en 1992 apareció Las semillas del tiempo en el que se incluyen 46 epífanos. En la segunda parte de este libro, en un largo Epílogo explica la génesis del género de los epífanos, a través de una extensa y exhaustiva trayectoria de lecturas.

El orden en que aparecen sus reconocimientos no deja de ser ilustrativo. Comienza describiendo la carrera y las zonas de influencias de su antecesor, el también colombiano Gabriel García Márquez; las resume en tres autores : Kafka, Faulkner y Hemingway. De este último va a rescatar lo que algunos llamaron sketches, bocetos, o vignettes. Son piezas cortas, que no llegan a ser cuentos,  ni ficción súbita. Por esto y conectando con esta nueva forma de la producción de Hemingway, Botero va a denominar a esas piezas: epífanos, Joyce mediante.  El objetivo principal de estas  miniaturas no es contar una historia,  es capturar un momento significativo, una epifanía diría Joyce en su Retrato del artista adolescente. “Lo que distingue al epífano de una anécdota es su carácter especial. En otras palabras, su singularidad. Todos tenemos innumerables anécdotas que contar, pero ser testigo de un instante que rebosa su inmediatez, preñado de resonancias profundas, capaz de condensar más sentido y mayores significados de la condición humana que otros espacios más grandes de tiempo, es un prodigio fugaz y exclusivo que ocurre pocas veces en nuestras vidas.” dice Botero.

En estos días en que la patria colombiana está tan convulsionada leer los epífanos de Juan Carlos Botero puede acercar alguna perspectiva para leer en sus líneas concentradas una realidad tan dura como la que impulsó a Hemingway, camillero durante la Primera Guerra Mundial a configurar sus reveladoras viñetas.

En Las semillas del tiempo (cita de William Shakespeare) cuya primera edición es de 2007 escribe Botero: El Salón Rojo
Bajaron los presos del camión. Tenían las manos esposadas al frente. Entraron en fila y callados a la cárcel. Todos vieron el letrero colgado sobre la puerta. Algunos lo leyeron: “Aquí entra el hombre, no el delito”. Los presos atravesaron fuertemente custodiados el corredor de baldosas verdes y los encerraron en la jaula. Al cabo los fueron sacando, uno por uno, para sacarles los datos, la foto y las huellas dactilares. Después les asignaban el patio correspondiente. Un negro con aspecto de bailarín fue conducido al Salón Rojo. ¿ El salón rojo?, le preguntó al guardia que lo acompañaba. Suena bueno…¿Le parece? dijo el guardia, y sonrió. No es rojo por lo divertido, dijo, y volvió a sonreír.”

por Elisa Salzmann

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