domingo 7 de agosto de 2022
Perfil

Güemes, el primer “peronista” de la eterna grieta nacional

PODCASTS | Por Edi Zunino | 15 de June 11:40

Hoy celebramos a Güemes. Instaurado por iniciativa de Cristina en 2010 y refrendado por ley de Macri en 2016, a pedido del entonces gobernador Urtubey, este feriado móvil que se corre del 17 de junio al lunes anterior evoca la muerte del caudillo salteño hace 199 años, uno menos que la de Belgrano, el verdadero dueño de las efemérides de junio, porque el creador de la bandera nació y falleció en junio y su feriado no se mueve.

Pero Martín Miguel Juan de la Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte y Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano tuvieron mucho más que ver que esta coincidencia en el almanaque.

Primero hay que entender la diferencia entre los dos. Güemes, hijo del tesorero de la corona en Salta, era militar de carrera. Se enroló como cadete a los 14 años en la Compañía del 3° Batallón del Rey. Con 21 años, fue trasladado de urgencia a Buenos Aires por la primera invasión inglesa y se destacó al mando de Liniers. La Junta Gubernativa del Reino de Sevilla lo ascendió a subteniente del Regimiento de Infantería porteño y en 1809, en una de sus primeras decisiones como virrey, Cisneros lo trasladó a la guarnición militar de Salta.

Güemes se alzó contra las autoridades españolas estando destacado en Humahuaca y sus hombres, gauchos que manejaban el caballo y el terreno con maestría y audacia, se fueron haciendo fama de “infernales” (que así se los llamaba) abriéndole paso al Ejército del Norte al mando de Belgrano.

Al igual que Belgrano, Güemes tenía una educación refinada, pero el cuartel, el gauchaje y el cerrado conservadurismo de la sociedad salteña de entonces le habían impregnado un discurso vulgar con la tropa y un marcado encono contra los ricos en su desempeño como caudillo político.

Escribió en sus espectaculares memorias el General Paz: “Cuando se proclamaba, solía hacer retirar a toda persona de educación y aun a sus ayudantes, porque sin duda se avergonzaba de que presenciaran la imprudencia con que excitaba a aquellas pobres gentes a la rebelión contra la otra clase de la sociedad”.

Y agregó el “Manco” Paz: “Este demagogo, este tribuno, este orador, carecía hasta cierto punto del órgano material de la voz, pues era tan gangoso, por faltarle la campanilla, que quien no estaba acostumbrado a su trato, sufría una sensación penosa al verlo esforzarse para hacerse entender. Pero tenía para los gauchos tal unción en sus palabras y una elocuencia tan persuasiva que hubieran ido en derechura a hacerse matar para probarle su convencimiento y su adhesión”.

Hay que decirlo: el Ejército del Norte fue, en gran medida, fruto de la improvisación y a la vez un espacio de internas cruzadas entre gente de ideas apasionadas y muy pocas pulgas. Belgrano terminó echando a Güemes. Lo trasladó a Buenos Aires y escribió después: “Las virtudes y servicios militares de este individuo no son tantas ni de tanto valor como se ponderan vulgarmente. Virtudes, ciertamente, no se le han conocido jamás, y sus servicios han sido manchados con ciertos excesos, o mejor diré delitos de los que tengo fundamentos muy graves para creerlos, aunque no documentos. Por lo que lo mismo considero que no podrá ser útil en este ejército que trato de depurarlo de toda corrupción a toda costa”.

Para congraciarse y recuperar terreno, Güemes, anoticiado de las tensiones de Belgrano con las autoridades, le escribiría tiempo después con su tono anti-establishment: “Hace Usted muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas”.

Güemes, despreciado y temido por el poder político y económico, fue rehabilitado por San Martín, ascendido militarmente y reconocido al punto de asignarle la gobernación salteña. Y entrar en la historia oficial con su guerra gaucha por la independencia.

Hoy celebremos a Güemes. Otro día hablamos de su definitiva caída en desgracia (con Buenos Aires dándole la espalda… y sus enemigos realistas, un tiro literal en la espalda).

por Edi Zunino

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