El investigador del CONICET y especialista en ecología de mamíferos marinos Enrique Crespo habló en #AgendaAbierta sobre el aumento de la mortalidad de ballenas francas en Península Valdés, las investigaciones que se realizan para determinar sus causas y la evolución de la población de esta especie.
Crespo explicó que desde 1998 su equipo realiza relevamientos aéreos para estimar la cantidad de ballenas que llegan cada temporada a Península Valdés. El trabajo, desarrollado junto con otros grupos de investigación, permitió analizar la evolución de la población y calcular las tasas de mortalidad a lo largo de los años.
El especialista señaló que la mortalidad de las crías varía de una temporada a otra. Recordó que 2012 había sido hasta ahora el año con mayor mortalidad registrada, cuando llegó al 23% de las crías, pero indicó que este año la cifra fue todavía más alta, aunque los números definitivos aún no están disponibles porque la temporada no terminó.
Crespo explicó que todavía no está determinada la causa de este aumento y mencionó distintas hipótesis vinculadas con las condiciones de alimentación de las ballenas. Según detalló, una menor disponibilidad de krill en las áreas de alimentación podría afectar el estado corporal de las madres y, posteriormente, la disponibilidad de leche para las crías.
También se refirió al hallazgo de bacterias en algunas de las crías muertas y aclaró que todavía no se sabe si esas bacterias provocaron la mortalidad o si simplemente están presentes en el ambiente. “La explicación todavía no la tenemos clara”, sostuvo, y remarcó que los análisis continúan.
El investigador destacó además el trabajo de seguimiento mediante dispositivos satelitales, que permiten conocer los recorridos de las ballenas y determinar las zonas donde se alimentan. Desde 2014, los equipos científicos colocan estos dispositivos en distintos ejemplares para estudiar sus movimientos durante varios meses y, en algunos casos, durante más de un año.
Crespo también explicó que, pese al aumento de mortalidad registrado este año, la población de ballena franca continúa creciendo. Estimó que actualmente hay alrededor de 5.000 ejemplares, frente a una población original calculada en unos 58.000 individuos antes de la explotación comercial, y señaló que la tasa de incremento actual es positiva.
En ese sentido, fue contundente al diferenciar el fenómeno de mortalidad de las crías de una situación de riesgo para la especie: “La ballena franca no está en peligro de extinción”. Según explicó, para evaluar el estado de una población es fundamental observar su evolución a lo largo del tiempo y no solamente un episodio puntual de mortalidad.
El especialista también recordó que la caza de ballenas provocó una fuerte reducción de las poblaciones durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX, hasta que la protección internacional y la moratoria sobre la caza comercial permitieron iniciar un proceso de recuperación.
Fotografía: Redes Sociales

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