sábado 18 de septiembre de 2021
Perfil

Ecos del Mini-Maracanazo: el mensaje cifrado de Neymar y Messi

PODCASTS | Por Edi Zunino | 13 de July 12:00

El viernes pasado, en este mismo espacio, nos ocupamos del contraste que había dejado la semifinal con Colombia, entre los gestos confusamente machistoides del gran arquero Dibu Martínez en los penales y la humildad de Lionel Messi, que fue, finalmente, la imagen que trascendió todas las fronteras: hasta en Brasil se manifestaron fanáticos del 10 deseando que alzara la Copa América nada menos que en el Maracaná. El fenómeno dio la vuelta al mundo y se repitió incluso en Bangladesh.

Me dijeron de todo: que jamás pisé una cancha, que intelectualizar el fútbol es la manera más tilinga de no entenderlo y otras cosas, sin mencionar las irreproducibles. Sostengo, sin embargo, que todo hecho cultural nos representa y habla de nosotros en las circunstancias del momento histórico dado.

El fútbol de hoy se parece más a una producción de Marvel especial para la playstation que a México ’86. La tecnología encontró en los encierros de la pandemia el ámbito propicio para terminar de definir otra de sus revoluciones, que consiste en una nueva dimensión del espectáculo y de la idolatría. Todo está más cerca, incluso lo imposible. Se puede ser Messi en un juego: un control remoto es más fácil de manejar con maestría que las dos piernas, entrenando bien. También hace lo suyo el mercado, por supuesto: el súper fútbol europeo, lleno de jugadores provenientes de todos lados, rompió fronteras.

Y también cambió el folklore. En el Siglo XX, la rivalidad en una pelea de box y un partido de fútbol se diferenciaban por la cantidad de actores, el atuendo, la técnica. La cosa era a todo o nada, en la previa, durante y después. Ahora, los ídolos se muestran en la cancha y en las redes sociales más como actores o magnates que como feroces gladiadores.

Neymar y Messi son un símbolo agigantado del fenómeno. La amistad por sobre la lengua, la camiseta y la nacionalidad. El abrazo antes y después. El mensaje de sosiego por el triunfo del otro y pese a la derrota propia a la vista del mundo entero, literalmente, y la visita en cueros al vestuario que va a estar en los teléfonos de todos porque ahí adentro todos tienen un súper teléfono para que el secreto se siga extinguiendo como posibilidad de relación. Tal vez estemos viviendo la paradoja de la globalización y las rivalidades más extremas terminen valiendo más para dirimir rencillas localistas que para “cambiar el mundo” a través de grandes confrontaciones donde se generalizaba todo, al punto de perder de vista las partes, que es donde transcurre la vida real.

El componente generacional también juega. Y Messi, sentado en el campo todavía con sobredosis de adrenalina y hablando por videollamada con su esposa y sus hijos, pone al fútbol en la dimensión de un juego entre personas de carne y hueso donde se supone que siempre debería estar. Las copas pasan y pueden tardar en volver. Y cuando vuelven, pueden exhibir hasta qué punto han cambiado las cosas. O no.

por Edi Zunino

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