Monday 15 de April de 2024
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Diego Giacomini: "No hay ninguna revolución de la libertad, hay simplemente hastío"

PODCASTS | Por Jorge Fontevecchia | 15 de September 12:56

Fue socio intelectual de Javier Milei durante quince años, de 2005 a 2019, escribieron cuatro libros juntos, el último en 2019, titulado “Libertad, libertad, libertad”, y fue quien acercó al candidato presidencial las ideas libertarias de la Escuela Austríaca. Economista liberal, especialista en política monetaria, en su último libro, “Liberalismo siglo XXI”, enmienda los errores del liberalismo clásico. En esta extensa entrevista desarrolla sus ideas para un nuevo capitalismo. Cursó su secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires junto a Axel Kicillof, es licenciado en Economía, especializado en política monetaria por la Universidad de Buenos Aires, y Master of Sciences in International Economics, por la University of Essex, de Inglaterra. Es consultor económico y financiero, profesor de grado y posgrado, y conferencista. Es director de E2 (economía y ética). Entre 2000 y 2008 se desempeñó como economista senior de Transportadora Gas del Sur. Entre 1998 y 1999 fue jefe del sector fiscal del Estudio M. A. Broda y Asoc. Además fue coordinador del Programa Naciones Unidas para el Desarrollo Proyecto). También condujo “Economía al cuadrado” y ganó el premio Martín Fierro Digital al mejor contenido de TV Digital Temático.

Tu libro lleva como título “Liberalismo siglo XXI”, ¿hay alguna forma de respuesta al socialismo del siglo XXI, de Chávez y los populismos latinoamericanos de principios de siglo? 
El título Liberalismo siglo XXI responde a que el liberalismo ha tenido una muy importante evolución intelectual, especialmente en los últimos cuarenta años, y este liberalismo siglo XXI ha enmendado los errores del liberalismo clásico, aquel liberalismo que si le tenemos que poner una fecha de fundación, arbitraria tal vez, podemos poner a John Locke en 1682, después con los Wicks originales y las cartas de Catón entre 1720 y 1723, viene a enmendar sus errores intelectuales. Después enmienda los errores del minarquismo, que obviamente demuestra el liberalismo siglo XXI, mediante la epistemología conocida como praxiología, que es una metodología que utiliza la Escuela Austríaca para entender, explicar e intentar hacer leyes del comportamiento del ser humano, abandonando la metodología tradicional que utilizan otras escuelas del pensamiento económico, por ejemplo el keynesianismo, los clásicos, los nuevos clásicos, el marxismo, que utilizan la misma metodología, el empirismo observacional que se lo quitan a las ciencias duras y lo aplican a las ciencias sociales, lo cual es un importante error porque se basa en el principio de constancia de comportamiento, y el ser humano, si hay algo que hace es aprender, no saber qué va a aprender, y en el futuro no saber no solo qué va a aprender, sino qué va a hacer cuando aprenda lo que todavía no sabe que aprende. En consecuencia, no hay constancia del comportamiento. Ergo, el causa efecto nunca se mantiene. Entonces el ser humano no puede utilizar el método del empirismo observacional. Porque el liberalismo siglo XXI, que ha tenido una evolución, sobre todo a partir de los últimos discípulos de la corriente de von Mises, antes de cruzar el Atlántico, tuvo un gran discípulo que fue von Hayek. Cuando cruza el Atlántico y se establece en Estados Unidos, tiene dos grandes discípulos, Israel Kirschner y Murray Newton Rothbard. Murray Rothbard, a su vez, tuvo tal vez los máximos: Jesús Huerta de Soto, español, que me ha invitado al Congreso de Economía Austríaca, ahora  a final de octubre a exponer como representante latinoamericano.

Quien hace el prólogo de la última edición en español de “La acción humana” de von Mises.
Exactamente. El otro es Hans-Herman Hoppe, alemán que vive en Turquía. Y mediante la praxiología han descubierto, y demostrado, que la sumatoria de Estado nación más constitucionalismo, más democracia representativa, donde el problema no está en la palabra democracia que yo defiendo, sino en el problema de la representación. Porque no es cierto, no hay ningún contrato de representación, porque el voto no es un contrato de representación, más el voto obligatorio y secreto, todo esto conduce al socialismo.

O sea: Estados, constituciones, democracia representativa, más voto directo, deriva en socialismo, ¿creés que la Argentina comenzó el fin de su esplendor en 1912 con la ley Sáenz Peña?
El problema es el voto secreto y obligatorio, no directo. Ojalá tuviéramos voto directo con nombre y apellido, que la tecnología de hoy lo permite.

Tu planteo es no secreto y no obligatorio. 
Exactamente. 

¿Y a partir de la ley Sáenz Peña comienza el periodo de pérdida de esplendor de la Argentina?
Con la ley Sáenz Peña el problema es que todavía ahí no estaban los medios tecnológicos para que uno pudiera votar en libertad, no coaccionada, con nombre y apellido, que hoy lo podríamos hacer con una app en un celular. Entonces, tengo dudas si la comparación es válida porque la tecnología cumpliría un rol fundamental y en aquel entonces no estaba. Lo que creo, y voy a usar una metáfora que tal vez sorprenda, creo que la Argentina tiene uno de los mejores sistemas de organización gubernamental, una de las mejores democracias, uno de los mejores Estados nación, más constitucionalismo, más democracia representativa o con voto obligatorio y secreto, porque no hay ningún otro país en el cual el sistema avance tan rápido sobre las libertades del individuo, el Estado, los medios políticos, el poder político, en tan solo cuarenta años de haber recuperado este sistema, ha avanzado sobre la propiedad privada de los individuos, la libertad, condenándolos a que si hay menos propiedad privada y menos libertad, el resultado es inexorable, peor calidad de vida.

Escribiste en tu libro que la democracia representativa constitucionalista era el sistema más perverso de todos porque los individuos creían que eran parte del sistema y podían modificarlo desde dentro. ¿Cuando ahora decís que es el más “perfecto” es porque sería el peor de todos?
Esto es muy interesante porque lo explica el liberalismo del siglo XXI. Con buenas intenciones, el liberalismo clásico a final del siglo XVIII, habiendo aprendido de la República británica de 1646, que dura 11 años, realmente hace una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad, que es haber puesto los cimientos contra las monarquías absolutas. ¿A un sistema cómo se lo derrota siempre? Primero, desde lo intelectual, desde la pluma, se lo critica. Eso hizo el liberalismo clásico con las monarquías absolutistas. Posteriormente, además de deslegitimar, empezó desde lo intelectual a edificar nuevas ideas para un potencial nuevo sistema, acá tenemos a Locke como mojón inicial, pensando en las constituciones clásicas, en lo que debería ser una futura república para brindar una alternativa al sistema que se busca primero combatir y después derrocar. El siguiente paso es, después de haber hecho estos dos, que la gente entienda los errores del sistema bajo el cual vive, porque la gente piensa siempre a lo largo de la humanidad, en el mejor sistema de todos y en el único posible.

Tu crítica al voto obligatorio tiene en cuenta el teorema de Arrow que sostiene que si un cuerpo tiene que tomar decisiones, tiene al menos dos integrantes y al menos tres opciones entre las que debe decidir, es imposible diseñar una regla de elección social que satisfaga simultáneamente todas las condiciones, simplificadamente, ¿ningún voto es justo? Parcialmente, no estoy de acuerdo en su totalidad porque hay un problema mucho más profundo que el que plantea Arrow. Primero, las valoraciones del ser humano son subjetivas. Esto quiere decir que solamente cada uno de nosotros conoce sus gustos, preferencias, necesidades, limitaciones y entorno de escasez. Ergo, solamente cada uno de nosotros puede construir su función de utilidad. Solamente cada uno de nosotros puede saber cuáles son sus fines, medios y maximizar la función de utilidad, que, pongamos un nombre sencillo, es maximizar nuestra felicidad escogiendo determinados medios para alcanzar esos fines. Nuestras preferencias son subjetivas, nuestras utilidades emanan de la subjetividad. Ergo, no son sumables horizontalmente. Esto quiere decir que no hay utilidad social, no hay un bienestar social, no existe ni va a existir. Ahora, si por un segundo asumimos, suponemos ridículamente que existe, tenemos dos problemas que son de información. Primero, es el político para el cual votamos, y acá estoy contestando la pregunta, ¿cómo se entera de cuál es la función de bienestar social? Porque no hay manera de trasladar la información desde la demanda a la oferta, asumiendo que los ciudadanos son la demanda y el político es la oferta, porque para que haya información y traslado de la información tiene que haber sistemas de precios. El sistema de precios necesita que la demanda sea voluntaria, y que haya propiedad privada con pagos espontáneos, así surge el sistema de precios. El sistema de precios transmite toda esta información de manera muy rápida y a bajo costo, desde la demanda hacia la oferta, desde los ciudadanos hacia los políticos. Nada de esto existe en una organización de gobierno de carácter de propiedad pública, donde todo supuestamente es de todos, pero en realidad es de nadie. Ahora, si hacemos el supuesto, ridículo también, que por un segundo el policy maker sabe y se entera por arte de magia de qué es el bienestar general social, que ya explique por qué no existe, pero por un segundo suponemos que existe y que lo conoce, nuestras preferencias, nuestras subjetividades son permanentemente cambiantes. Ergo, pasa a tener problemas de información, ya no solo estáticos, sino dinámicos, porque no puede enterarse de las modificaciones de nuestras necesidades, gustos, preferencias. Ahora, el presidente, hablando de Arrow, el gobernador, el intendente, el diputado y el senador dicen que nosotros, el pueblo, tenemos el poder y nosotros lo delegamos en ellos, que son nuestros representantes. Si ellos fueran nuestros representantes debería haber un contrato de representación. Primero y ante todo es voluntario, cualquier contrato firmado a punta de pistola es inválido, está viciado de nulidad, tenemos voto obligatorio. Segundo, cualquier contrato de representación se firma con nombre y apellido. Porque la firma del nombre y apellido es lo que da lugar a la existencia del contrato, que los dos se pusieron de acuerdo en celebrar dicho contrato y uno se convierte en representante y otro en representado. La firma con nombre y apellido da lugar a obligaciones y a derechos, tanto del representante como del representado. 

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil.

por Jorge Fontevecchia

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