viernes 7 de octubre de 2022
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Bloody Mary, en búsqueda de una Inglaterra católica

PODCASTS | Por Lucas Boltrino | 10 de July 10:00

María I de Inglaterra, también conocida "María de Tudor", gobernó desde 1553 hasta su muerte en 1558.

Fue la única hija de Enrique VIII en sobrevivir a la infancia, luego de varios abortos espontáneos de su madre que buscaba con desesperación un heredero varón. Luego del divorcio de sus padres, y sobre todo de los malos tratos que tuvieron para con su madre, Catalina de Aragón, se replanteó acerca de qué religión quería seguir. Finalmente, optó por acompañar a su madre y se volcó al catolicismo.

El divorcio de Enrique VIII le traería algunos problemas, ya que, por la boda de su padre con Ana Bolena, tendría que renunciar a su título de princesa y pasaría a ser una simple "lady" y luego apartada de la línea de sucesión al trono por el Parlamento Inglés.

Tiempo después, por si fuera poco, sus padres se reconciliarían y fruto de esa unión nacería su hermano Eduardo, quien también sería el futuro heredero a la corona.
Sin embargo, su reinado duró muy poco y en 1553 murió, lo cual le permitió a María, en un giro inesperado de la corte británica, ascender al trono como María I.
Ella quería seguir profesando la religión católica, con lo cual buscó un pretendiente de la misma religión, y así se casó con el príncipe Felipe, heredero de la corona española.
Esta unión no fue muy bien vista por los súbditos ingleses, ya que empezaban a notar el dominio de la monarquía hispánica. Esto llevó a una rebelión en la región de Kent que fue sofocada y que daría inicio a un período sumamente oscuro para los protestantes.

María I emprendió así una durísima represión contra todo aquel que estuviera en contra de la instauración del catolicismo. Las víctimas preferidas por la Corona fueron las personas de menor estatus social.

Si bien los números varían de acuerdo a cada historiador, se cree que llegó a condenar a la hoguera a casi 300 personas, a encerrar a otras cientas y a perseguir a miles más.
Eso la hizo acreedora de su famoso apodo, "Bloody Mary", y de la reputación de ser una mujer totalmente despiadada con tal de lograr su objetivo de ver a una Inglaterra 100% católica.

Luego de un par de embarazos fallidos, ella moriría en 1558, según se dice, producto de la tristeza de no haber podido traer un heredero al mundo, y comenzaría la leyenda que la hace ser nombrada hasta nuestros días, que dice que vagará por el mundo y se aparecerá por los espejos de cada persona que la nombre tres veces en búsqueda de ese hijo que no pudo tener.
Pero eso será una historia para otra semana.

por Lucas Boltrino

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